Easy rider

Escrito por Skapamerika. Publicado en Bolivía

12 agosto 2012
 
Desde Sucre organizamos nuestra marcha, primero a Oruro y desde allí a Cochabamba.
Normalmente preferimos no viajar de noche, pero esta vez no hay ninguna movilidad (como dicen aquí) que viaje durante el día, así que compramos billetes para salir a las 21h y llegar sobre las 5 de la mañana, con la promesa de que podemos quedarnos en el bus hasta las 6’30h.
Nos subimos al bus y una señora muy simpática nos convida a naranjas. Durante unos 20minutos nos habla de lo ricas que son las naranjas de Sucre y lo malas que son las de Oruro, que su hijo siempre le encarga que lleve naranjas, que a sus nietos les encantan las naranjas…
Cesar se hace el dormido para escapar de la conversación y me deja sola ante el peligro, pero por suerte la señora en seguida cambia de tema y me cuenta la leyenda de la virgen de Urkupiña, recomendándome que vayamos a las fiestas de la virgen en Quillacollo, cerca de Cochabamaba.
 
Al ratito la señora deja de hablar y el bus queda en silencio…
… de repente un golpe, un frenazo y marcha atrás. Menudo susto, qué pasa!!??
Parece que el conductor había tratado de adelantar a otro bus y se encontró con un camión de frente. La señora de las naranjas se pone muy nerviosa y empieza a gritar “el conductor va borracho!” “borracho!” Intentamos que se tranquilice, pero nosotros ya empezamos a mosquearnos…
Hacemos una paradita para ir al baño en una venta donde no hay baño, y la gente bromea con que el conductor está dándole al té con té, que es singani con té, un copazo vamos.
 
Al poco de subir al bus yo me quedo frita, pero me despierto porque Cesar se levanta: - ¿A dónde vas?, y me dice -¿Tu has visto cómo va el autobús? El autobús iba dando bandazos de un lado a otro de la carretera!!
Cesar baja corriendo, abre la puerta del conductor y le pregunta que si va todo bien… el conductor va tan pedo que no puede ni responder. La gente nos escucha y empieza a alarmarse, le pedimos al conductor que pare, que se eche a un lado y que pare.
 
A las 4 de la mañana, en medio del altiplano gélido, nos bajamos todos los pasajeros del bus. El coche está muy mal aparcado en medio de un carril y sin las luces de posición. Cuando voy a encenderlas el niño que acompañaba al conductor como “ayudante” me grita, también borracho y con un bolón enorme de coca dentro del moflete. Parece que tiene un flemón.
 
La gente grita, unos increpan al conductor. Otros buses pasan de largo por nuestro lado. Paramos a una ambulancia pensando que es un coche de policía y la señora de las naranjas va corriendo, se sube y se va con ellos.
Entones llamamos a la policía, que pasa de nosotros. Les da lo mismo que haya un tipo borracho conduciendo un transporte lleno de gente.
Uno de los pasajeros dice que es conductor de camiones y se ofrece a llevar el bus hasta Oruro, ya que por lo visto sólo quedan unos 20 minutos de viaje. Al arrancarlo se da cuenta de que conducir un camión es diferente a conducir un autobús de dos pisos, así que deciden que el conductor borracho sea el que vaya sentado al volante y que el pasajero conductor le ayude a que el bus no se meneé tanto.
 
La situación es ridícula, absurda, bizarra y peligrosa. Todos estamos un poco en shock y empezamos a hablar. Algunos dicen que nunca les había pasado nada parecido, otros que en Bolivia esto pasa con cierta frecuencia, nosotros que hay que denunciarlo, a la policía y a la compañía, y que deberían ser ellos mismos y no sólo nosotros los extranjeros, entonces algunos salen en defensa del pobrecito conductor que lo estará pasando mal, que ya es viejito, que le quitarán el permiso, que le dejarán en la calle, que qué malos somos los españoles… en fin…
 
Despacio llegamos a Oruro y por miedo a entrar en la terminal en esas condiciones dejan el bus aparcado en una calle.
Mientras el conductor y el niño borracho duermen la mona abajo, los demás seguimos arriba de charla. Ya nadie tiene sueño, bromeamos, nos reímos, les insistimos en lo importante que es que denuncien y nos dan la razón como a los tontos.
Sobre las 6’30 bajamos todos del bus. El señor borracho se ha despertado y reparte el equipaje sin mirarnos a la cara.
Sigue haciendo frío y junto con un par de señoras nos vamos de camino a la terminal. Allí nos encontramos con la señora de las naranjas que estaba esperando la llegada del bus para recuperar su equipaje, y sus naranjas claro.
Nos despedimos de las señoras y buscamos alojamiento, pero como es tan temprano nadie puede darnos una cama, así que nos conformamos con dejar las mochilas a resguardo, y erramos por un Oruro desértico buscando un lugar abierto para desayunar.
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