Vallegrande y la Higuera. La ruta del Che.

Escrito por Skapamerika. Publicado en Bolivía

25 de agosto 2012
 
La última de las aventuras del Che se desarrolló entre las regiones de Chuquisaca y Sta. Cruz, justo donde nos encontramos.
Desde Samaipata es fácil llegar hasta Vallegrande, el punto de inicio de todas las excursiones por la ruta del Che, aunque hay una diferencia económica sustancial entre contratar un tour y hacerlo por libre.
Todos los días pasa un bus por Samaipata que viene desde Sta. Cruz y va en dirección a Vallegrande y otras poblaciones. El bus tarda unas 4 horas y cuesta unos 25 bolivianos.
En la Casa de la Cultura hay un pequeño museo sobre la guerrilla en Bolivia y sobre el Che en particular, con muchas fotos, muchas del Che capturado y muerto.
 
Cerca de allí, en el hospitalito, aún se conserva la antigua lavandería donde fue expuesto su cadáver. Hoy la lavandería se ha convertido en una especie de santuario, donde visitantes de todo el mundo comparten frases de admiración y de lucha.
Es el santuario de una revolución perdida, del fracaso del ideal de liberación latinoamericana. La auténtica capilla ardiente del mito.
El lugar es bien sencillo, casi pasa desapercibido si no se busca a propósito. Pero una vez que se está allí se siente la energía depositada por todos esos visitantes que llegaron buscando algo, queriendo estar más cerca de ese algo. Es emocionante.
Cerca del aeropuerto se han construido dos grandes mausoleos en recuerdo del Che, de Tania, y de otros guerrilleros, ya que fue allí donde muchos años después se desenterraron sus restos.
 
En el museo de la Casa de la Cultura conocemos a dos chavales sudafricanos que nos proponen ir juntos a la Higuera, el lugar donde fue apresado el Che y donde fue asesinado.
Sólo se puede llegar hasta allí en taxi, ya que la Higuera es una aldea minúscula y el camino es muy malo, de tierra. Esto sumado a que se trata de un lugar turístico hace disparar los precios del transporte, así que siempre es mejor compartir gastos.
Pagamos 250Bs entre los cuatro y encontramos un taxista bastante majete que además esoriundo de la Higuera.
 
El día se levanta muy frío y muy húmedo. Una espesa niebla difumina el paisaje y no nos deja ver el camino.
Paramos antes de llegar a la Higuera para bajar hasta la Quebrada del Churo, donde se produjo el último combate del Che y donde fue hecho preso.
También allí hay algunas palabras de recuerdo. Los cuatro estamos un poco en trance, como cuando entras en un templo que te impresiona, pero no tiene nada que ver con la religión.
 
Una vez en la aldea de la Higuera se puede visitar la antigua escuelita donde el Che fue asesinado, aunque mucha de la información que se expone es la misma que vimos en el museo de la Casa de la Cultura.
La madre del taxista nos prepara huevos con arroz y ensalada, y mientras comemos leemos pasajes del diario del Che en Bolivia que nos presta la señora y debatimos los por qués.
Por qué el Che no se dio cuenta de que Bolivia no era como Cuba? Por qué no supo aceptar que los bolivianos no estaban preparados para la revolución?
De acuerdo que era un idealista, que creía conocer el potencial de la revolución armada, pero ya contaba con el fracaso en el Congo!
Además, enseguida tuvo que darse cuenta de que los mismos campesinos le traicionarían. No por maldad, sino por desconocimiento, por miedo. El campesino boliviano sigue siendo desconfiado e individualista.
Entonces, por qué se quedó en Bolivia? Parecía estar cegado por sus ganas de cambiar las cosas, por su visión de un mundo más justo. Pero las ganas no bastan a veces.
 
Una sensación amarga de duda y tristeza nos acompaña durante la vuelta, y también durante algunos días.
Y por un momento siento rechazo por el pueblo boliviano. Siento enfado y vergüenza.
No porque hubieran traicionado al Che sin saber, ni porque no supieran que podían ser liberados, ni tampoco porque fueran los culpables directos de su muerte.
Me enfado porque me veo visitando un circo en torno a una muerte, me enfado por enriquecerse hoy, y sin ningún pudor, gracias a ese lamentable episodio de pobreza humana.
Con los días ese sentimiento de rechazo termina desapareciendo, lo que no desparece del todo es el sentimiento de pérdida, como si el Che hubiera muerto ayer en vez de hace 40 años.
Y pienso que qué pena, porque desde entonces el mundo es un poquito peor.
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