Viajando el río Mamoré.

Escrito por Skapamerika. Publicado en Bolivía

22 septiembre 2012
 
Os preguntaréis, qué tiene de divertido un viaje de 9 días dentro de un barco enano sin casi electricidad, con calor y plagas de mosquitos hambrientos todas las noches…?
Pues muchas cosas!
Primero conocer a nuestros compañeros de viaje. Además de nosotros tres en el barco también viajan Andreas y su hijo Silas, un antropólogo alemán que está recogiendo información para su tesis doctoral y su pequeño hijo de 8 años, un demonio de rizos rubios, que lo primero que hace es robarle las gafas de sol a Cesar e intentar subastarlas entre los miembros de la tripulación; “un miiil boliviaaaanos!”
 
También está el patrón, Daniel, y su familia; su segunda esposa, Margot, y dos de sus hijos de su primer matrimonio, Josué y Douglas. Y Fernanda, la hija de Douglas, de 3 añitos, una princesita con muy mala leche.
Por último nos acompañan un primo y los que llevan el timón, que no son familia.
 
Durante el viaje aprendemos muchas cosas.
Cómo funciona el transporte por río en Bolivia, cómo son y a qué saben la planta y la fruta del cacao, y la del anacardo (que es rarísima), yo aprendo francés con Alain, Alain aprende español conmigo, Silas aprende a jugar a las chapas con César…
Vemos delfines de color rosa, y petas y tartarugas (es decir, tortugas y tortugas grandes) y cientos de tipos de aves.
Comemos huevos de peta recogidos en la playa, y masaco, una especie de revuelto de yuca o banana con queso.
 
A veces, mientras el barco sigue su marcha, salimos rápido en un bote con Margot y alguno de los chicos, y visitamos algún pueblecito de la costa del río, o alguna casa particular. Compramos papaya, bananas o pollo para comer. Y Margot compra animales para vender en Guayaramerín. Empezamos con una pareja de patos y terminamos con una pareja de pollos, otra de gallos, una pareja de tortugas y una pareja de cerditos.
 
Cuando llega la noche, a eso de las 18:30h, nos embadurnamos en repelente a sabiendas de que no sirve para nada.
Los mosquitos, esos odiosos insectos sanguinarios sin compasión hacen una escabechina con nuestro cuerpo. Pateamos, damos manotazos, intentamos espantarlos moviendo una tela, fumando, caminando… es imposible escapar.
Al final decidimos encerrarnos en nuestra mosquitera de 18:30h a 20:30h aproximadamente, cuando termina “la hora de la oración” como llaman aquí a ese rato del atardecer y de la noche en el que todos los animales se vuelven un poco locos.
 
Pero sin duda, los mejores momentos del barco son por la noche, ya en la mosquitera, y por la mañana, nada más despertar.
El primero porque en medio de toda esa tranquilidad de estar en medio de la nada se puede escuchar el escandaloso concierto de los pájaros de la selva, que te arrulla hasta dormirte.
El segundo, porque al amanecer el barco empieza a moverse y te arrulla en el último sueño, hace más fresquito y la luz es increíble.
 
Llegamos a Guayaramerín la mañana del 21 de septiembre, con ganas de llegar y con pena por despedirnos. Y dispuestos a celebrar las fiestas de Guayaramerín que empiezan justo hoy!
 
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Douglas y su hija Fernanda
 
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La princesa Fernanda
 
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Guayaramerín
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