Puyuhuapi

Escrito por Skapamerika. Publicado en Chile

3 de mayo de 2010
 
Seguimos subiendo por la carretera asustral, cada vez más verde y más húmeda, cada vez más bonita! Parece que nos hayamos internado en una selva boscosa, de bosques tupidos, de musgo y enormes hojas redondeadas.
Sin embargo, hoy llueve, lloverá durante todo el viaje hasta Puyuhuapi, y una vez allí seguirá lloviendo varios días.
 
El pequeño pueblo de Puyuhuapi fue fundado en los años 30 por un grupo de colonos alemanes que llegaron por barco, de los cuales sólo quedan unos pocos descendientes. Está situado a la orilla de lo que parece un lago pero que no lo es, sino que se trata del Canal Puyuhuapi, una estrecha entrada del mar. Muy cerca se encuentra el Parque Nacional Queulat y su ventisquero colgante.
La arquitectura del pueblo es muy curiosa, ya que conserva reminiscencias de la arquitectura alemana. De hecho, aún se mantienen en pie algunas de las antiguas casonas de los alemanes fundadores, que contrastan con la precaria construcción local, una mezcla de chapa, madera y pladur.
 
 
 
Nos alojamos en el Residencial Elisabeth, que no es tal residencial, es una casita de madera construída por Leontina, la dueña, y uno de sus hijos, después de haber perdido el verdadero Residencial en un incendio (una gran casa de madera con muchas habitaciones).
Leontina es el claro ejemplo del habitante de la patagonia chilena; poco habladora, poco expresiva, práctica y fuerte. No pierden el tiempo en ceremocias sociales, van al grano, a lo que les interesa. No divagan en conversaciones abstractas, todo lo que dicen tiene una intención y un sentido.
La charla con ellos se nos hace difícil, hablamos en diferentes niveles de comunicación. En cambio, hacernos compañía es sencillo.
 
El autobús que nos lleva a Futalefú pasa una vez por semana, los sábados. Como hemos llegado el martes, no tenemos más remedio que esperar 5 días para salir del pueblo.
Como llueve, y es temporada baja, Puyuhuapi parece estar hibernando. Apenas hay gente por las calles y muchos servicios no funcionan. Además, como en todas las casas se utiliza la estufa de leña, hacia las 17h el pueblo empieza a cubrirse con una neblina baja y de olor fuerte, envolviéndose en un ambiente casi irreal.
Paseamos por el pueblo en compañía de perros abandonados (o pseudoabandonados), gallinas y patos, hacemos fotos, y visitamos a pie los alrededores. Descubrimos un antiguo cementerio alemán y el colorido cementerio municipal, lleno de flores, figuras, girnaldas y molinillos de viento.
Descartamos ir al ventisquero colgante, con rabia! porque tenía muy buena pinta! Pero el precio que nos piden por llevarnos es absurdo, y no hay otro medio de transporte...
 
 
Durante una semana descansamos, básicamente, y planeamos los siguientes días.
El sábado llega despacio, y hacia el mediodía subimos al bus que nos llevará a Futalefú.
 
 
 
 
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