Valpo

Escrito por Skapamerika. Publicado en Chile

20 de junio de 2012
 
Valparaíso es una ciudad sucia, como cualquier ciudad con puerto. Está llena de perros que hacen caca por todas partes, hay mucha basura e incluso huesos de vaca en medio de las aceras.
Es húmeda y cálida, parece que el salitre se te pega a la piel.
Hay gente pidiendo en las calles, barrios en los que es muy posible que te atraquen, y locos y borrachos que balbucean incoherencias, especialmente a los turistas.
Valparaíso es todo esto, es cierto, pero también es otra cosa.
 
Valparaíso también es una ciudad con historia, pero al mismo tiempo joven, ruidosa y viva, que crece como miles de serpientes hacia lo alto de los cerros.
Es un laberinto de colores, de escaleras y de mensajes.
Un pentagrama retorcido que sube desde el mar, que gira y da vueltas, y suena a mil melodías.
 
Y en lo alto como un periscopio, La Sebastiana, una casa que es un barco, una casa juguete. Que en simbiosis con su entorno, y más aún con quien fue su más famoso habitante, exagerada, infantil y literaria, vigila que el Pacífico no cambie de lugar.
 
Valparaíso nos atrapa durante una semana, nos hace jugar y divertirnos. Nos rencuentra con Alain, nuestro querido amigo suizo! Nos acerca al ARTE, a la poesía de las calles y de Neruda.
Nos encanta con su magia de ciudad de todas partes, de personas de todas partes, aunque ahora sabemos que Valparaíso sólo puede ser así estando aquí.
 

AMO, Valparaíso, cuanto encierras,
y cuanto irradias, novia del océano,
hasta más lejos de tu nimbo sordo.
Amo la luz violeta con que acudes
al marinero en la noche del mar,
y entonces eres -rosa de azahares-
luminosa y desnuda, fuego y niebla.
Que nadie venga con un martillo turbio
a golpear lo que amo, a defenderte:
nadie sino mi ser por tus secretos:
nadie sino mi voz por tus abiertas
hileras de rocío, por tus escalones
en donde la maternidad salobre
del mar te besa, nadie sino mis labios
en tu corona fría de sirena,
elevada en el aire de la altura,
oceánico amor, Valparaíso,
reina de todas las costas del mundo,
verdadera central de olas y barcos,
eres en mí como la luna o como
la dirección del aire en la arboleda.
Amo tus criminales callejones,
tu luna de puñal sobre los cerros,
y entre tus plazas la marinería
revistiendo de azul la primavera.

Que se entienda, te pido, puerto mío,
que yo tengo derecho
a escribirte lo bueno y lo malvado
y soy como las lámparas amargas
cuando iluminan las botellas rotas.
 
Pablo Neruda
 
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