Bogotá, alrededores y región de Santander

Escrito por Skapamerika. Publicado en Colombia

20 abril de 2013
 
Contra todo pronóstico ¡Bogotá me gusta!
Y eso que no pensábamos venir porque Cesar decía que era muy fea. Pues no, no es fea, lo que es, es inmensa, enorme, inabarcable, demasiado grande para ser cómoda. Tiene un tráfico infernal y mucha mucha gente.
Pero la zona antigua es agradable, prácticamente peatonal. La gente es amable, la temperatura fresquita (Bogotá está a unos 2500 msnm) y tiene cosas que ver ¡Y además está Vidal! No necesitamos nada más.
 
Lo único que no nos salió bien fue el alojamiento… dimos a parar a un hostel de israelís con un dueño israelí. Lo que nuestra experiencia viajera suramericana cataloga como lo peor de lo peor.
Pero bueno, salvo por haber tenido que cambiarnos de habitación, habernos enfadado porque solo había agua caliente en una ducha y haber discutido con el dueño por el precio de la habitación a la hora de pagar… en fin, que sobrevivimos. Pero nunca más Santo Tomás. (El sitio se llama La Casa de Ari, para que no vayáis)
 
Nos movemos casi exclusivamente por el centro histórico de la ciudad.
Visitamos el importante Museo del Oro, donde se encuentran restos arqueológicos y se tratan de explicar algunas de las sociedades precolombinas de Colombia.
Fue aquí donde descubrí y saqué esas fotos de las pintaderas que algunas de estas sociedades utilizaban para decorar su piel, algunas de ellas con diseños cercanos a los que conocemos de los aborígenes canarios.
 
También visitamos una especie de Centro de Cultura donde se encuentran diferentes exposiciones, permanentes como el Museo de la moneda o la Donación de Botero, de pinturas, dibujos y esculturas del autor, e incluso obras de pintores como Picasso, Dalí, Tápies, Renoir… entre muchos otros. Y exposiciones temporales como las de Arte al paso, de arte moderno de autores latinoamericanos, y la de Urbes Mutantes, una exposición de fotografía también de autores latinoamericanos.
Y todo totalmente gratis.
 
Además de las visitas culturales ¡por fin pudimos quedar con Vidal y Vilma! Qué bueno, y que raro verles en otra ciudad de otro país, tan lejos de todo lo que tenemos en común.
Nos encantó poder compartir esos ratitos con ellos.
 
Nuestro plan a seguir desde Bogotá es continuar hacia el norte, primero conociendo algunos de los pueblos de la región para luego subir hasta Santa Marta.
Primero vamos a Tunja, donde nos quedamos una noche y dejamos las mochilas grandes para ir menos cargados hasta Villa de Leyva, un pueblo precioso de calles anchas, paredes blancas y suelos adoquinados, donde pasamos otra noche. La plaza principal es inmensa y muy despejada, y este sí que sí es igual que cualquier pueblo castellano.
Villa de Leyva forma parte del pequeño grupo de 6 o 7 poblaciones colombianas que conservan su arquitectura colonial casi intacta, y que las convierte en las más vistosas del país. Como Barichara y Guatapé, nuestro siguiente destino.
Desde Tunja hacemos una escala para llegar a San Gil y allí pillamos una buseta para seguir hasta Barichara, un pueblo – oasis, de temperatura perfecta, calles  empinadas, limpio, tranquilo, agradable, donde decidimos quedarnos dos noches.
Desde allí se puede hacer una caminata por un antiguo camino real hasta la aldea de Guatapé, que sólo tiene una placita y un museo con restos prehistóricos.
 
Mientras esperamos un transporte que nos lleve de vuelta a Barichara, el conductor de un Pontiac antediluviano, mal pintado de verde, exprimía nuestros conocimientos sobre historia general de la humanidad a base preguntas encadenadas. El señor trataba de memorizar cada nombre y fecha que le respondíamos, y nos hacía repetírselos varias veces.
Hacía años que no conocía a alguien tan ávido de conocimientos, tan entregado a escuchar en vez de a contar.
En la región de Santander se suele vender como piscolabis un poco caro, bolsitas de hormigas culonas tostadas. También hay platos más elaborados con salsa de hormigas culonas, albóndigas de hormigas culonas... y demás. Estuvimos tentados de probarlas, pero poco. La verdad es que no lucen muy apetecibles. Además de ser culonas son hormigas voladoras, y te las presentan con las alitas incorporadas. Y para ser sinceros, nos dio repelús.
 
Desde Barichara regresamos a San Gil y tomamos un bus hasta Bucaramanga, parada obligada para continuar nuestro viaje hacia Santa Marta… el caribe… la playa ¡por fin!
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