Cartagena de Indias

Escrito por Skapamerika. Publicado en Colombia

4 mayo de 2013
 
Llegamos a Cartagena de Indias desde Santa Marta en un bus que te recoge en la puerta del alojamiento y te deja en el centro de Cartagena. Es un poco más caro pero compensa porque se ahorra mucho tiempo y el dinero de los taxis de las dos poblaciones.
En Cartagena pasamos dos noches y nos alojamos en hotel Villa Colonial, en el barrio de Getsemaní, fuera de las murallas, pero a menos de 10 min de la entrada de la torre del reloj.
Encontramos el alojamiento por internet y resultó ser un chollo; pagamos un precio razonable para ser Cartagena (70.000 pesos – 28€) por una habitación matrimonial con baño, ventilador, TV cable y wifi. ¡¡Muy recomendable!!
 
Cartagena de Indias fue fundada en 1533 como puerto estratégico en Sudamérica. Siempre fue una ciudad rica porque aquí llegaban y desde aquí partían los tesoros y riquezas que los españoles iban consiguiendo por el resto del continente. Por esta razón resultaba un jugoso destino para los piratas, quienes la atacaron en varias ocasiones. El famoso asalto del pirata Francis Drake en 1586, fue el que provocó tomar la decisión de reforzar el puerto y construir una gran muralla circular que rodeara la ciudad.
 
Hoy Cartagena se ha extendido fuera de las murallas, hay incluso un modesto skyline en una mini península cercana (a la que se conoce como “la manga”, lo cual no deja de ser una extraña coincidencia con nuestra Manga del mar menor tan cerquita de nuestra Cartagena)
 
En el interior de las murallas aún se conservan los antiguos edificios coloniales de familias adineradas, monasterios e iglesias… muchos de ellos convertidos en hoteles exclusivos, boutiques y restaurantes de diseño.
A pesar de esto la ciudad antigua sigue manteniendo un ambiente especial, de edificios altos de fachadas coloridas y preciosas balconadas de madera.
Los turistas recorren las estrechas calles de adoquines subidos en carros tirados por un caballo, mientras los conductores, como gondoleros de tierra, les van señalando y explicando los lugares más destacados de la ciudad.
Y cuando comienza el atardecer, muchos subimos a lo alto de la muralla para disfrutar de las últimas luces del día, otro espectáculo de Cartagena, donde los naranjas, los rosas, los rojos y morados, juegan sobre el caribe.
 
Por lo visto tuvimos suerte por haber llegado en temporada baja, ya que no hay tantos vendedores ambulantes ni tantos turistas (si bien es la ciudad más turística de todo el país). Y quizás por eso los precios no eran tan desorbitados.
Después de Cartagena no nos queda mucho que ver en Colombia. Pensamos cruzar la frontera hacia Panamá, así que nuestro periplo fronterizo comienza aquí.
 
Dejamos Colombia, un mes y medio de pura naturaleza, de colombianos alegres, de café, de música, de empanadas de arepa, de calores y de colores. De fantasía y de magia.
Dejamos también Sudamérica, nuestro hogar durante el último año. Y los Andes, nuestra brújula, nuestro inseparable compañero.
La cordillera, que en Colombia se desmenuza en tres,  nos abandona a nuestro aire, sin guía y sin rumbo. Confiando en que sabremos seguir solos.
Lo intentaremos, maestra.
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