El norte de Ecuador; Otavalo, Ibarra y San Lorenzo.

Escrito por Skapamerika. Publicado en Ecuador

20 marzo de 2013
 
El pueblo de Otavalo debe ser de los más turísticos de Ecuador, y sin duda el más turístico del altiplano, junto con Montañita (en la costa sur) y Baños (en el centro, selva).
Imagino que es porque se encuentra relativamente cerca de Quito, y es un lugar accesible y fácil para conocer una comunidad indígena, los Otavalo, y para comprar artesanía.
 
De lunes a viernes, Otavalo es un pueblecito tranquilo y silencioso. Los miembros de la etnia Otavalo pasean apaciblemente por sus calles, o regresan a las comunidades cercanas, donde viven. Hay algunos puestos de artesanía en la plaza y también algunas tiendas abiertas, y poco más.
Nosotros llegamos un viernes, y justo ese día celebraban una fiesta intercultural. En un escenario al lado de la plaza tocaron bandas de diferentes puntos de Latinoamérica. Nosotros alcanzamos a ver a una banda boliviana, a otra peruana y a una colombiana.
Fue genial volver a escuchar el folklor boliviano y peruano; caporales, sayas, cumbias… ¡hasta nos sabíamos las letras!
 
Sin embargo, cuando llega el sábado el pueblo se convierte en un inmenso mercado.
En los alrededores de la plaza principal se encuentran la mayoría de los puestos de artesanos. La pena es que, como en todos los lugares turísticos, la artesanía que se encuentra en estos puestos ha perdido la magia de la exclusividad, la marca del artista, y se han convertido en producciones repetitivas de los mismos productos con diferentes colores.
Ya sabemos cómo funciona esto, si a los turistas les gusta algo, repitámoslo hasta la saciedad para tener más posibilidades de vender...
 
Otro de los lugares más pintorescos y visitados es la zona de compra-venta de animales, que se encuentra un poco alejada del centro, en una gran explanada cerca de la carretera.  
Chanchos, vacas, caballos, mulas, ovejas, cuyes, conejos, gallinas, pollos… en fin, cualquier animal de granja se compra o se vende a grito pelado en esta explanada.
 
Mientras paseábamos por aquí vimos a un grupo de japoneses que estaba grabando lo que parecía un programa de viajes japonés. La intérprete del grupo preguntó a algunos locales si querían colaborar y ser grabados, y luego el presentador entrevistaba a una señora y trataba de ordeñar a una vaca.
Creo recordar que en Japón no se consumen productos lácteos porque los asiáticos tienen una intolerancia a la lactosa generalizada, así que lo de ordeñar una vaca debe parecerles de lo más exótico.
 
A parte de la plaza y aledaños, y del mercado de animales, hay muchas calles con puestos de fruta y verdura, ropa, zapatos y demás, no para los turistas sino para la gente del lugar.
Y por supuesto, pasear por el mercado permite ver a los otavalos, cuya vestimenta recuerda mucho a la de los saraguros.
El último día que pasamos en Otavalo pensábamos dedicarlo a conocer las comunidades vecinas pero no fue posible. Debimos de comer alguna cosa en mal estado porque nos pusimos malos los dos. Así que nada, un día en cama.
 
Al día siguiente, aún con flojera, nos marchamos a Ibarra, en el norte. Una ciudad pequeña, caótica, pero con un centro de casas blancas coloniales, bonito y cuidado.
Allí probamos los deliciosos helados de paila, que no es un sabor como nosotros pensábamos al principio, sino un recipiente, como una especie de palangana de cobre.
La paila se coloca dentro de un recipiente aún más ancho. El interior de este segundo recipiente se llena de hielo, sal gorda y una paja seca recogida en la zona, así el hielo tarda más en descongelarse y va enfriando las paredes y el suelo de la paila. Entonces la paila se llena de jugo de fruta, sin agua ni leche (bueno, a veces se le añade un poco) pero queda más rico si se echa el jugo solo, y se remueve, se remueve, hasta que el líquido empieza a condensarse por el frío.
Y voilá, en 15 minutos se consigue un helado completamente natural.
 
Después de pasar una noche en Ibarra decidimos marcharnos a San Lorenzo, una pequeñísima población que se encuentra en la región de Esmeraldas, en la costa más al norte de Ecuador, muy cerca de la frontera colombiana.
Allí no hay nada, sólo calor, una entrada al mar y manglares. Lo más curioso de esta zona es que es completamente afro. Los habitantes que pueblan esta región son descendientes de unos esclavos africanos que escaparon de un barco que encalló en esa costa norte.
Es interesante hacer este recorrido porque tras un viajecito en bus se pasa del frío, seco e indígena altiplano a la calurosa, húmeda y africana costa. Y cuando digo africana, lo digo totalmente en serio. Parece un pueblo de África, o del Caribe ¡Es muy impactante!
 
Después de llegar hasta allí nos dimos cuenta de que aún no nos habíamos recuperado totalmente de la intoxicación, seguíamos con flojera, sin apetito, y eso unido al calor asfixiante de San Lorenzo nos terminó de machacar.
No pudimos visitar lo que queríamos de la zona porque los transportes son complicados y la temperatura terrible, y no nos sentíamos con fuerzas para soportar ninguna de las dos cosas.
 
Así es que, tras una brevísima visita a la región costera, regresamos a Ibarra, nos volvimos a comer unos helados de paila, nos alojamos en el mismo hotel de la plaza por una noche y a la mañana siguiente nos dirigimos a Tulpán, última población de Ecuador antes de cruzar la frontera hacia Colombia.
 
Todas las fotos son del mercado de Otavalo:
 
caNombre del documento2Mercado de Otavalo
 
cP3162039
 
cP3162067
 
cP3162105
 
cP3162347
 
cP3162369 1
 
cP3162570
 
cP3163023
 
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cP3163151
 
cP3163156 1
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