Ecuador esconde maravillas

Escrito por Skapamerika. Publicado en Ecuador

22 marzo de 2013
 
En Tulpán dormimos una noche. Parece que no queremos cruzar tan rápido esta frontera. Ecuador se nos ha hecho muy corto.
Este pequeño país que pasa tan desapercibido entre los evidentes atractivos de Perú y Colombia nos ha sorprendido por muchas razones.
 
La primera, su hospitalidad, de sus gentes, de su clima y de sus paisajes.
Las sonrisas, la educación, la simpatía de los ecuatorianos eran desconocidas para nosotros.  Su clima suave, nada incómodo incluso en las alturas.
Su increíble paisaje, equilibrado, bien repartido en tres verticales como los colores de una bandera; costa, altiplano y selva. Nunca se desmadra, es de una belleza controlada pero muy hermosa.
 
Nos ha sorprendido su gastronomía, menos rudimentaria para el viajero de bajo presupuesto.
Y también su orden, la limpieza de sus calles, sus preciosas poblaciones coloniales.
 
Pero sobre todo nos han cautivado sus secretos.
El turismo escondido, incipiente, que avisa con despuntar en cualquier momento.
Su historia, de incas y preincas, que no puede competir con la peruana, pero es que ¡ninguna puede competir con la peruana!
La artesanía, en especial el sombrero de paja toquilla, más conocido como el sombrero de panamá. Este sombrero exquisito, ligero, valoradísimo, siempre fue elaborado por manos ecuatorianas, que en la sombra, permitieron que ese otro país más al norte se llevara los galardones.
La extraña división cuadrada de su territorio. De este a oeste en la rutina, en los tiempos del año. Los ecuatorianos occidentales no comparten su periodo escolar ni vacacional con sus vecinos orientales. Se alternan en los tiempos de descanso y de trabajo en un ritmo extraño para nosotros.
De norte a sur, en los hemisferios planetarios. La mitad del mundo atraviesa a este país de temperatura compacta, permanente, fija en el tiempo y en el espacio.
Y por supuesto sus mercados, la locura de Guamote, perfecta armonía del caos. Perfecta entropía. El mejor mercado de la Sudamérica andina.
 
Las tierras fértiles son trabajadas sin descanso por los descendientes de un pueblo fuerte que sobrevivió a la ira de la naturaleza, a la ira del inca, a la del español esclavista, a la de gobiernos sin conciencia. Y como es generosa, como es comprensiva y madre, continúa ofreciendo sus dulces frutos.
 
El espinazo del sur, la singular cordillera, brutal, mastodóntica, inmensa y larga, se suaviza en Ecuador, pero sigue regalándonos a los ojos que la seguimos hermosas cumbres blancas, coronas de los dioses andinos.
Y nos sigue guiando hacia el norte. Nos agarra la mano con su mano rocosa, empujándonos  al siguiente país. Nos dirige con impaciencia, deseosa de complacernos.
¿Y qué podemos hacer nosotros para impedirlo?
 
Sin querer, y deseándolo por encima de todo, seguimos nuestro camino.
Hacia el norte, a Colombia.
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