Últimos días en el Lago Atitlán

Escrito por Skapamerika. Publicado en Guatemala

20 julio de 2013 
 
Después de unos días en San Pedro decidimos seguir con el recorrido del Lago.
Dejamos temporalmente a nuestros colegas madrileños atrás porque prefieren quedarse algún tiempo más en San Pedro. Nosotros tomamos una lanchita y nos vamos a San Marcos.
San Marcos es el pueblo New Age del Lago Atitlán. Aquí, el pueblo paralelo gringo se ha hecho con prácticamente toda zona más cercana al agua, y sus nuevos habitantes han construido un pequeño y laberíntico hogar lleno de buena onda y clases de yoga.
Podría haber estado bien, y en realidad hay mucha gente a la que le gusta, pero a nosotros nos espeluzna un poco ese universo zen de postureo hippie, que percibimos como forzado.
Pensábamos quedarnos unas cuantas noches y al final sólo nos quedamos una, y nos alojamos en un hostal regentado por una familia local que se encuentra al otro lado de la plaza, en el punto opuesto al laberinto zen.
 
A la mañana siguiente salimos en dirección Santa Cruz La Laguna, otro pueblito del lago. Esta vez nos encontramos que el centro del pueblo está encaramado en un cerro al que hay que subir despacio por una dolorosa y soleada cuesta.
Es más, el pueblo en sí se desarrolla a lo largo de estrechas callejuelas, todas soleadas, y todas en cuesta.
Durante el paseo conocimos a algunos lugareños que nos dieron buenas informaciones. Por ejemplo, nos confirmaron que ir a pie de pueblo en pueblo en esta parte del lago sigue siendo peligroso.
A nosotros nos extrañaba mucho porque la población indígena no suele ser violenta sin “buenas razones”, y efectivamente, nos contaron que los “maleantes” que roban y machetean a los turistas, son guatemaltecos que llegan de otros lugares a robar, normalmente de la costa.
También nos dijeron que estas poblaciones toleran muy mal la delincuencia, y que todavía, en ocasiones, todo el pueblo se junta para linchar (sí, linchar) al ladrón o al violador de turno, tomando así la justicia por su mano.
 
Pensábamos quedarnos a dormir una noche en Santa Cruz pero tanta cuesta nos echó para atrás, así que decidimos marcharnos hasta Panajachel, darnos una buena ducha de agua caliente, cambiar la ropa sucia de días y recorrer desde allí la cara sureste del Lago.
 
Una mañana fuimos caminando desde Panajachel hasta San Antonio Palopó, pasando por Santa Catarina Palopó.
Esta zona del lago es muy poco turística, apenas existen servicios, ni de alojamientos ni de lanchas. Por la misma razón es una zona más tranquila, no hay peligro de que te “machetéen” o te roben si vas caminando de pueblito en pueblito, al contrario de lo que parece ocurrir en la zona de San Pablo, San Marcos y Santa Cruz La Laguna.
 
Uno de los mayores encantos del Lago Atitlán es la coexistencia de tres grupos étnicos descendientes de los mayas, los k'iche', kaqchikel y tz'utujil , que además no comparten ni el idioma ni la manera de vestir.
Resulta muy curioso que convivan (y disputaran en otros tiempos, imagino)  en un espacio tan pequeño, pero lo cierto es que a medida que vamos conociendo el país, descubrimos que la variedad y la cantidad de grupos étnicos en Guatemala es asombrosa.
Por lo que sabemos, en el país hay 23 idiomas reconocidos como tales por el gobierno. Y cada uno corresponde a una cosmovisión, que se refleja en un atuendo tradicional y se extiende en una región.
Lo más llamativo para cualquiera salta a la vista, la indumentaria. Recorremos pocos kilómetros y las mujeres cambian sus cintas del pelo por pompones o flecos brillantes. Sus huipiles (o camisolas) son bordados con motivos diferentes, con colores diferentes,  aunque todos mantienen un corte parecido. Las faldas, largas telas gruesas enrolladas a la cintura y sujetas por un fajín, nos sorprenden por su diversidad y su originalidad.
Así, en Panajachel los huipiles son rojos con rayas verticales negras y las faldas son negras, pero en San Antonio tanto el huipil como la falda son azules, y en Sololá los huipiles tienen un cuello distinto y están bordados de muchos colores.
Los trajes tradicionales de Guatemala añaden personalidad y belleza al paisaje natural del país.
Guatemala es un país económicamente pobre, con un nivel educativo general bajo y elitista (uno de los mayores índices de analfabetismo de América Latina) pero con una diversidad cultural y lingüística que le proporciona una enorme riqueza cultural (no valorada como debería, por supuesto).
 
El viernes visitamos el mercado de Sololá, que inmediatamente se convierte en uno de nuestros favoritos de toda América Latina. Es sencillamente espectacular.
Caótico, ruidoso, sucio, desordenado y ordenado al mismo tiempo. Hacía mucho que no nos veíamos enredados en el lío de un buen mercado. Tratando de caminar por estrechos pasillos de puestos llenos de todo y señoras que llevan su compra en la cabeza.
Envueltos en empujones, pisotones, gritos, olor a carne cruda, suelos mojados, fruta fresca y reluciente, telas dobladas, música ensordecedora… y colorido. Los trajes de Sololá son únicos. No sólo el de las mujeres, el traje de los hombres no se parece a ninguno que haya visto jamás. No lo describo para que os sorprendáis con las fotos, sólo os diré que resulta una mezcla entre un cowboy y un hippie de los 60.
 
Cuando decidimos marcharnos de la región del Lago nuestros amigos aún no han vuelto a Panajachel, así que resolvemos encontrarnos en Xela, o Quetzaltenango, como se la conoce formalmente.
Por lo visto, en los alrededores de la segunda ciudad más grande del país encontraremos algunos buenos mercados.
Cesar ya tiene el dedo calentito en el disparador, y no lo levantará durante la siguiente semana.
¡Nos vamos a mercadear!
 
Mercado de Sololá:
 
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P7197919solola13
 
P7198074solola96
 
P7198110solola114
 
P7197948solola27
 
P7198128solola124
 
P7198138solola131
 
P7198297solola207
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