Quetzaltenango y circuito de mercados.

Escrito por Skapamerika. Publicado en Guatemala

27 julio de 2013 
 
Tras varios trasbordos e innumerables regateos llegamos por fin al centro histórico de la ciudad de Quetzaltenango, Xela para los amigos.
Allí llegamos a un alojamiento llamado Don Diego que está bastante bien de precio, con cocina, wifi y agua caliente. Además los chavales que trabajan allí son muy majetes, especialmente Zaul (Saúl escrito con “z”, sí), con el que todavía estamos en contacto.
Zaul es de esos buenos chicos que han tenido que madurar deprisa y corriendo porque no tuvieron más remedio. De esos buenos chicos que podían haber salido mal, que podían haber elegido el camino fácil, pero que no lo han hecho.
Así que con 18 años es el cabeza de una familia a la que no pudo mantener con él en la ciudad porque su estrecho sueldo no se lo permitió.
Pero es un chico fuerte, alegre, positivo y comprometido, así que sabemos que seguro, seguro, le irá bien.
 
Bueno, pues Xela no tiene nada interesante pero nos quedamos en torno a una semana. ¿Por qué? Pues porque tiene un ambientillo callejero muy chulo. Con pocos extranjeros (la mayoría vienen a realizar alguna actividad de voluntariado), mucha comida por la calle, movimiento y vida. Y también porque es una excelente base para visitar los pueblos de los alrededores, todos con sus correspondientes mercados.
Os diré que cada uno de los días que estuvimos en Xela, menos uno, fuimos a un mercado diferente en un pueblo diferente.
Como llegamos un domingo, el primero al que fuimos fue el lunes, en la pequeña población de Zunil. Esperábamos un mercado grandote, de esos que se extienden por varias calles, pero sólo encontramos un mercadito dentro del edificio municipal, aunque muy bullicioso y colorido. 
Aprovechamos para recorrer el resto del pueblo, de gentes tímidas que no terminan de acostumbrarse al extranjero. Y así, paseando, encontramos de casualidad el lugar donde tienen este año a Maximón.
Maximón es una mezcla entre San Simón y una especie de santo pagano al que le rinden culto en varias poblaciones de Guatemala. En Santiago Atitlán por ejemplo, también celebran a Maximón, aunque allí ya han descubierto que tiene tirón turístico y lo aprovechan.
En Zunil cobran entrada al extranjero, pero nadie te ofrece una guía para ir a visitarlo y no es fácil encontrarlo.
Maximón es la figura de un señor mayor con pinta de patriarca gitano, vestido con un sombrero, unas gafas de sol, un bastón y normalmente con un puro o un cigarrillo en la “boca”. Cada año cambia de lugar, normalmente lo trasladan de casa en casa, y en cada una en la que se queda le preparan un altar, donde la gente ofrenda velas, cigarrillos, alcohol… y donde le rezan.
 
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El martes fuimos a Olintepeque, donde encontramos uno de los mejores mercados de animales del viaje. Había cerdos, cabras, vacas, caballos, ovejas, gallinas, pollos, pavos, hasta perros.
Y éramos los únicos extranjeros de todo el pueblo. Nosotros mirábamos a la gente y mirábamos los puestos, y mirábamos los animales con la misma curiosidad con la que la gente nos miraba a nosotros.
La verdad es que pasear entre tantos animales amarrados… al final me terminó dando un poco de angustia. Parecía un mercado de esclavos. Qué cargo de conciencia, daban ganas de hacerse vegetariano. Desde luego que somos más animales que ellos.
En este mercado decidimos por fin acercarnos a preguntar a un puesto ambulante de esos de “medicinas”, a ver qué era exactamente el dichoso “marihuanol” que llevamos escuchando anunciar desde hace no sé cuántos mercados, y que por cierto, lo cura casi todo.
Descubrimos con decepción que no era ni más ni menos que unos cogollos (entiendo que de marihuana) dentro de una crema viscosa con olor a vics vaporú.
 
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El miércoles fuimos a Momostenango, donde parece que el mercado se ha tragado al pueblo. Los puestos se extienden por las callejuelas y toman las plazas, los soportales, hasta las entradas de los centros municipales. 
No sé si los niños van a la escuela los miércoles en Momostenango pero diría que no, porque corretean por todas partes, solos, de la mano de sus padres, o como vendedores.
Dimos unas cuantas vueltas haciendo lo que más nos gusta hacer en los mercados, cotillear, comer, hablar con la gente, y César sacar fotos, claro.
Antes de marcharnos tuvimos el extraño privilegio de ver una celebración que aún seguimos sin entender, que consistía en unos señores vestidos de ¿mosqueteros? ¿españoles? ¿mariachis? ¿todo eso a la vez? Con pelucas de pelo largo, máscaras de enormes narices aguileñas y una cuerda en la mano. Bailaron durante un buen rato, siempre la misma canción y siempre de la misma manera.
 
El jueves descansamos. Bueno, el plan inicial era levantarse temprano y subir el volcán Santiaguito hasta donde pudiéramos.
El volcán Santiaguito es el hermano pequeño del volcán Santa María, el más alto de los alrededores. Pero la gracia de subir el Santiaguito es que aún está activo. Según dicen los expertos locales, las fumarolas y los gases y todo lo que expulsa el volcán siempre cae hacia el mismo lado, así que teóricamente si se sube por el lado opuesto no hay peligro.
El caso es que con todo lo tentador que era… al final nos quedamos perreando en casa. Además justo ese mismo día llegaron Nacho y Aitor desde Atitlán y pasamos el día con ellos.
Empezamos a planear juntos el viaje a Chichicastenango y la ruta por la Cordillera de los Cuchumatanes que haríamos después.
Aquí en Xela hay una oficina de una ONG llamada Quetzaltrekkers que organiza las rutas por las aldeas de los Cuchumatanes. Nosotros preferimos hacerlo por nuestra cuenta, y la verdad es que nos dieron toda la información que solicitamos de forma gratuita.
 
El viernes fuimos al mercado de San Francisco El Alto, el más prometedor de los mercados que finalmente resultó ser el que menos nos gustó. Es cierto que es un mercado enorme, pero de tan grande resultaba claustrofóbico. Demasiado organizado, demasiado bien puesto, demasiados turistas… En este mercado ha sido en el único de Guatemala en el que nos han intentado robar.
 
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El sábado nos marchamos a Chichicastenango con nuestros amigos madrileños y con tres chicas urugayas que habían conocido en Atitlán. Pero antes Cesar y yo fuimos a ver el mercado de Almolonga, que está muy muy cerquita de Xela. Y nos encantó.
Almolonga es el principal productor de verduras y hortalizas del país, y según cuentan, todo comenzó gracias a un milagro.
Resulta que hace unos años Almolonga era famoso por otras razones, contaba con un índice delincuencial tan alto que incluso tuvieron que construir una prisión en el propio pueblo.
Sus tierras no eran fértiles, apenas llovía.
Pero de repente, algo ocurrió. Quizás alguien escuchó las plegarias de tantas madres desesperadas. La tierra empezó a dar frutos, bueno, verduras. Empezó a dar hortalizas y verduras como una loca. Hortalizas y verduras cada vez más grandes.
Y la gente empezó a cultivar, y como tenía tanto trabajo tuvieron que dejar de delinquir, ya no les daba tiempo. Y tuvieron que cerrar la prisión porque ya no hacía falta.
Y claro, todos se hicieron muy creyentes.
A día de hoy Almolonga es el principal exportador de verduras y hortalizas del país, tanto dentro del territorio nacional como hacia el extranjero.
¿Qué os parece?
 
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