Cobán y Semuc Champey.

Escrito por Skapamerika. Publicado en Guatemala

10 Agosto de 2013. 
 
El camino de Nebaj a Cobán es largo. La furgoneta sale a las 5 de la mañana y llega cerca del mediodía. La carretera está sin asfaltar en muchos tramos y dentro de la furgoneta hay poco espacio y ninguna comodidad que facilite el sueño. El paisaje es hermoso. Bajamos la cordillera pero seguimos en la montaña.
Cuando llegamos a Cobán, un poco torpones por el calor y el cansancio, tenemos que atravesar la población de una punta a otra, y aún así tardamos en dar con un alojamiento. 
En un principio no teníamos planeado dormir en Cobán, pero el camino hasta Lanquín, en las proximidades de Semuc Champey, consiste en otras tres horas de furgoneta y terracería, y el cuerpo pide reposo.
 
Dedicamos un día a descansar, a acostumbrarnos al calor, y hacemos un poco de vida social con nuestros compañeros de habitación.
Paseamos poco por Cobán, la verdad, no nos pareció un lugar especialmente interesante. Sin embargo, sí prestamos atención a los cambios en la indumentaria, que inevitablemente también se adapta al clima.
Las mujeres de la región utilizan la misma tela para sus faldas que la que usan las mujeres de la cordillera. La diferencia es que las serranas envuelven la tela a su cintura y luego la ajustan con un fajín, y las mujeres de Alta Verapaz visten una falda ancha con cintura elástica y vuelo. Los huipiles de estas regiones calurosas son de telas más finas, con calados y bordados ligeros, ya que no necesitan protegerse del frio. 
 
Al día siguiente viajamos a Lanquín, un pequeño pueblo lleno de turistas. Se encuentra en un lugar privilegiado, entre montañas verdes, ríos, un sol radiante y humedad.
Al caer la noche el clima refresca, y se duerme de maravilla.
Nada más bajarnos de la furgoneta nos abordan unos quince chavales ofreciéndonos hostal. Qué horror, con lo tranquilos que estábamos en la sierra donde todo el mundo nos ignoraba.
Les vacilamos, les mareamos y conseguimos esquivarles. Buscamos un lugar tranquilo, regentado por gente local, y si es posible sin extranjeros, y lo encontramos.
Creo que tuvimos suerte porque durante varias noches pudimos disfrutar del Rabin Itzam sólo para nosotros, y eso que luego descubrimos que el hotel viene recomendado en la Lonely Planet.
El Rabin Itzam, que en idioma Kek'chik' significa "hija de la montaña", es regentado por dos hermanos. Ella es cocinera y él profesor de Kek´chik. Son complacientes, generosos y muy simpáticos. Nos hicieron una rebaja en nuestra habitación, nos dejaron lavar ropa, e incluso compartieron su cocina con nosotros.
Nos trataron tan requetebien que no pudimos marcharnos en tres días.
 
El principal atractivo turístico de la zona y la razón por la que Lanquín está lleno de gringos es Semuc Champey, unas paradisíacas pozas de aguas azules, que se unen entre sí por suaves cascadas y rocas musgosas, y que se extienden a lo largo de un increíble cañón de selva montañosa.
La mayoría de los visitantes contrata un tour y un guía, pero no es necesario. La mejor opción es levantarse a buena hora y negociar el precio del viaje con una de las muchas pick-ups que van a Semuc Champey.
O bueno, para los deportistas, o los más osados, levantarse bien temprano y recorrer a pie los 12 km que separan las pozas de Lanquín. Un camino largo y caluroso.
 
Nosotros no nos levantamos a tan buena hora y aún así conseguimos subirnos a una pick-up (15 quetzales - 1,5€), donde viajaban unos chicos de Ciudad de Guatemala que estaban de vacaciones, muy simpáticos.
Pasamos la tarde en las pozas, que cierran a las 16h, y conseguimos bajar en una pick-up que había contratado un hostel para un grupo de gringos.
 
Al día siguiente visitamos las grutas de Lanquín, a las que se pude llegar caminando desde el pueblo. Las formaciones rocosas de su interior son increíbles. Hay que llevar buen calzado para no caerse, y una linternita porque la luz es muy escasa. A partir de un punto el camino señalizado y la tenue luz de farolillos finaliza pero la cueva sigue y sigue durante kilómetros.
Junto a la gruta hay un río de aguas azules y heladas que ayuda a resfrescarse después de la humedad de la cueva.
Nosotros no pudimos verlo porque entramos a las cuevas al mediodía, pero recomiendan visitarlas cerca de la hora a la que se pone el Sol para ver las bandadas de murciélagos que salen, todos a la vez, como una inmensa nube negra.
 
Nos enteramos de que había un transporte "directo" desde Lanquín a Flores, al norte del país, donde queríamos ir a continuación. 
Por lo que habíamos escuchado, el precio real (sin timos) no era mucho mayor que lo que se gasta uno en llegar de vuelta a Cobán y viajar desde allí, y además ahorrábamos un poco de tiempo.
Después de regatear directamente con el mafiosillo del pueblo, quien se encarga de colocar, vender y negociar con los tours y los shuttles (las gringo furgos "directas" que pensábamos utilizar esta vez), y que no tiene más de 16 años..., conseguimos la furgo a buen precio (120 quetzales) y nos guardó buenos asientos para el día siguiente.
 
Y así fue como nos fuimos del precioso Lanquín y llegamos a la isla de Flores, a orillas del lago Chichén Itzá, metidos otra vez de lleno en esto que "nos gusta tanto" y que es el caluroso y húmedo "gringo trail".
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