Flores, Remate y Tikal. El Petén guatemalteco.

Escrito por Skapamerika. Publicado en Guatemala

16 Agosto de 2013
 
Flores es una pequeñísima península dentro del lago Petén Itzá. Es una población destinada, práctica y exclusivamente para el turismo. Su callecitas adoquinadas están flanquedas por hoteles, tiendas de souvenires y restaurantes.
Como llegamos en domingo y acababa de llover, las calles estaban vacías, los comercios cerrados. Y nos pareció un lugar un poco triste.
Encontramos un alojamiento a precio medio, pero el dueño era un poco gruñón.
Después de dar un par de vueltas por Flores, cruzamos es istmo y llegamos a Santa Elena, la hermana fea y pobre de Flores. Aquí es donde está la vidilla; el mercado, la terminal de autobuses, los petardos, la comida tradicional... quizás demasiado jaleo para un domingo lluvioso.
Ni tanto ni tan poco, o como diría mi madre, " O calvo o con tres pelucas", nos encontramos huérfanos de lugar.
Menos mal que hacia la tarde noche, en la parte más alejada al istmo, en Flores, empezaron a funcionar unos puestecillos de venta de comida callejera; tacos, tostadas, tortillas, música y cerveza. Llenos de familias, visitantes y lugareños, gringos y no gringos. La cosa se animó.
 
A la mañana siguiente nos marchamos a El Remate, otro pueblo a orillas del lago.
Fue aquí, de pura casualidad, donde volvimos a encontramos con los madrileños.
 
En El Remate hay alojamientos para todos los bolsillos. Nosotros nos quedamos en uno que estaba fenomenal calidad-precio, pero el encargado era un chaval muy desagradable que por alguna razón que desconocemos estuvo enfadado con nosotros durante toda nuestra estancia allí.
Al final nos quedamos en el pueblito unos 4 o 5 días. Se trata de un lugar muy tranquilo, donde pudimos bañarnos, leer, pasear, conversar... 
También visitamos desde aquí las famosas ruinas de Tikal, a las que se puede llegar en transporte público desde Flores y desde El Remate.
 
Tikal es impresionante. Los restos arqueológicos están escondidos en medio de una frondosa selva. Algunos caminos guían a los visitantes hacia los principales templos, pero es fácil perderse y llegar a lugares que no esperabas encontrar.
Hay árboles imponentes, como algunas ceibas, que guardan el secreto de los mayas en la anciana corteza de sus árboles. Y monos, ciervos, coatís, pavos salvajes e incluso jaguares.
La historia de Tikal no está clara hasta la fecha. Parece que fue la capital de una importante población maya, que incluso consiguió someter a algunos de sus fuertes adversarios. Ya sabemos que los grandes señoríos mayas se enfrentaban entre sí. Por alguna razón aún no desenterrada, quizás perdieron una guerra, quizás fueron descabezados de su líder, o quizás la gran cantidad de población expolió el entorno natural, haciendo escasear la caza, el agua, la tierra de cosecha, la ciudad fue abandonada y deglutida por la selva Lacandona.
Tikal es famosa por muchas razones, una de ellas es que aparece en una escena de "La Guerra de las Galaxias". Otra tiene relación con su poder mágico, como lugar de concentración de energía, por eso fue uno de los principales escenarios donde los herederos mayas y visitantes de todo el mundo, despidieron la vieja era y recibieron a la nueva, según el antiguo calendario maya, el pasado 21 de diciembre.
 
Pasear por Tikal es un placer, aunque a partir de las 12 del mediodía el Sol quema sin piedad. Por eso mucha gente prefiere visitarlo de noche, o de madrugada. De hecho, Nacho y Aitor nos contaron que se colaron por la noche, para no pagar la entrada y para ver amanecer desde lo alto del templo IV.
 
Después de visitar Tikal aún pasamos unos días antes de marcharnos de El Remate hacia México. Nos pasa siempre antes de dejar un país, queremos descubrir el siguiente pero no queremos despedirnos nunca.
Esos días conocimos a Fernando, un madrileño afincado en El Remate desde hace algunos meses.
Fernando, un abogado macarrilla vallecano, un joven del "Madrid me mata" que exprimió tanto la movida que tuvo que escapar de ella para no destruirse. Terminó, por esas cosas que tiene la vida, en Guatemala, y concoció a otros españoles que llegaron a finales de los 90 para apoyar el final de la dictadura y el camino hacia la paz.
Se hizo maestro en escuelitas comunitarias de la sierra de Nebaj, enseñando a indígenas que no entendían ni una palabra de su español. Conoció a un mexicana y tuvo un hijo, Quetzal, y 12 años después decidió regresar a Madrid.
No aguantó más de 6 meses. Nos dijo que su ciudad ha perdido la alegría. Que el Madrid que dejó en los 90 estaba aún vivo, caliente, y que hoy se encontró con un cadáver.
Dice que borracho de chinchón entró en una agencia de viajes y compró un billete de vuelta a Guatemala. Desde entonces trabaja como maestro en la escuelita de El Remate. Y aunque él nunca llegue a leer esto, diré que fue un placer haberle conocido.
 
Por fin un día decidimos marchar hacia la frontera. Aitor viene con nosotros, Nacho hace ya unos días que se marchó.
Como cada día en Guatemala, nos toca negociar los precios de transpotes, pelearnos con unos y con otros, preguntar diez veces antes de saber hacia qué frontera es mejor viajar, apretujarnos en una furgoneta que nunca está lo suficientemente llena de gente.
Incluso así nos da pena, porque el viaje se va terminando, porque siempre dejamos cosas por hacer, y por disfrutar y por observar. Y porque cuesta despedirse de una rutina, de una gente, de un lugar al que te has acostumbrado.
 
Nos da pena hasta que llegamos a la frontera. Cruzamos sin problemas.
Al otro lado nos espera el Estado de Tabasco, la última frontera antes de regresar. El último país antes de estar de vuelta.
Un enorme cartel nos da la bienvenida a la República Mexicana.
 
Tikal y la selva desde lo alto del Templo IV
P8145409tikal
 
 
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