Roatán y Utila, las Islas de la Bahía.

Escrito por Skapamerika. Publicado en Honduras

28 junio de 2013 
 
Las islas de Roatán y Utila son dos hermosos territorios de un poco menos de 300 km2 perdidos en el mar caribe, cerca de la costa de Honduras, a una hora en ferry desde La Ceiba.
Otra isla llamado Guanaja termina de formar el archipiélago, pero nosotros no llegamos a visitar esta última.
 
Se trata de unas islas muy particulares. Hasta 1859 aproximadamente, cuando Honduras recuperó este territorio, las islas fueron una colonia inglesa, y durante mucho tiempo fueron también el lugar de refugio de algunos temibles piratas ingleses.
Su población, la actual, es principalmente de habla inglesa, salvo los más jóvenes que han aprendido el castellano en las escuelas.
La mayoría de los isleños son de raza negra, descendientes de los esclavos que fueron llevados hasta el caribe, y de raza caucásica; rubios, pelirrojos, de piel muy blanca, ojos claros y pecas.
La mezcla de colores, culturas y acentos es sorprendente. Por lo que pudimos ver no existe segregación racial, todos conviven en su extraña armonía.
 
Las poblaciones de las islas son muy pequeñas y por desgracia para el visitante, muy pero que muy turísticas. Los norteamericanos y europeos han encontrado aquí un paraíso caribeño barato y angloparlante, donde se bebe y se consumen drogas, un “infierno” para los viajeros que no compartimos esa forma de viajar.
Las pequeñas playitas caribeñas de postal se han llenado de hamacas, hoteles, chiringuitos cocteleros, y espaldas encarnadas. Una auténtica pena.
 
Roatán es quizás la más cara y popular de las islas. Los turistas se aglomeran principalmente en dos poblaciones, West End y West Bay.
Nosotros nos alojamos en el West End, donde aún se pueden encontrar algunos hostales más económicos. Concretamente nos quedamos en un sitio llamado Chillies, que costaba unos 10$ por persona, con cocina, wifi y mangos gratis. Calidad precio estaba muy bien, teniendo en cuenta la oferta de la isla.
Lo de los mangos gratis fue una suerte. El alojamiento tiene un gran jardín lleno de árboles de mango, y como coincidimos en la temporada de la fruta, durante todo el día llovían mangos de los árboles. Tres especies diferentes de mango, de tres tamaños diferentes y de diferente sabor. Una maravilla ¡Nunca habíamos comido tanto mango seguido!
 
Si no puedes gastar dinero, Roatán tiene pocas ofertas. Las playas han perdido terreno por las construcciones y hay mucha más gente de la que nos gustaría.
Al tercer día de estar allí pillamos una lancha-taxi y nos fuimos a ver el West Bay, que resultó ser aún peor… PERO descubrimos una actividad relativamente barata y que además nos mantenía alejados del resto de gringos… el SNORKEL.
Tanto Cesar como yo habíamos practicado snorkel alguna vez, pero nunca, nunca, NUNCA habíamos visto un fondo marino como el que rodea a Roatán.
Imaginaros, el agua es totalmente cristalina y un alargado arrecife de coral rodea la isla desde pocos metros de la costa. En cuanto nadas un poco y metes la cabeza bajo el agua empiezas a flipar con decenas de tipos de peces de todos los tamaños y colores. Algunos se mueven en bancos, otros se esconden de los mirones… Y las moles de coral y rocas crean precipicios bajo el mar. Precipicios de colores, de algas rojas y amarillas, de corales con crestas naranjas, de enormes cerebros morados…
Podíamos pasar tres o cuatro horas sin salir del agua, tranquilamente. Cuando nos quitábamos las gafas se nos quedaban las marcas de la presión durante largo rato. Y nadar sin aletas no era lo mismo. Este fue el inicio de algo que cambiaría nuestro viaje ¡¡el descubrimiento de la vida submarina!!
 
Desde hace unos años, tanto Cesar como yo, por separado, habíamos pensado hacer el curso de iniciación al buceo en España. Pero ambos lo descartamos porque pensamos que hacerlo desde Madrid era un poco feo. Inmersiones en piscinas y luego un fin de semana en la Manga… y además los precios… no nos motivaba.
Pero estando aquí era diferente. Las primeras inmersiones serían directamente en el mar, ¡rodeados de belleza submarina! Inevitablemente esto motiva. Y los precios de los cursos de buceo en las islas son considerados de los más baratos del mundo.
 
Total, que pusimos en marcha la maquinaria, desde Roatán Cesar escribió a Alejandro, un colega que había estado viajando por Latinoamérica hace unos años, y nos recomendó ir a la isla de Utila, donde se había sacado el título de Dive Master (“buceo maestro”).
 
Estaba decidido, nos informamos de cómo llegar desde Roatán a Utila sin regresar a La Ceiba pero no conseguimos nada. Necesitábamos ser muchos para que saliera rentable el transporte, y además, el lanchero hacía días que no aparecía, así que no tuvimos más remedio que volver a La Ceiba y tomar otro ferry a Utila…
¡¡A bucear!!
 
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