Puebla y Cuernavaca

Escrito por Skapamerika. Publicado en Mexico

1 octubre de 2013
 
Llegamos a Puebla por la noche, pero el autobús no entra dentro de la ciudad y nos deja en una gasolinera de la autopista. Está lloviendo, está oscuro y estamos en medio de la nada... 
Preguntamos por los buses urbanos que llevan al centro y vamos a esperarlos bajo la lluvia. Después de un rato de mojarnos, y cansados por el viaje, desistimos y paramos un taxi.
El taxi nos deja en una calle del centro, por ahí preguntamos en un par de alojamientos y nos quedamos en el más barato que encontramos. Pero el alojamiento en Puebla no es tan barato como en el sur.
Salimos a cenar a una taquería que cierra tarde. Probamos las especialidades de la ciudad; tacos árabes y cemitas ¡riquísimas!
Por la noche y bajo el chaparrón apenas podemos percibir cómo es Puebla, pero la primera impresión es de ciudad monumental. Calles amplias, edificios coloniales de piedra y ventanas historiadas. Mañana habrá más.
 
Al día siguiente había dejado de llover y salimos a dar un paseo. Puebla de Zaragoza, capital del estado de Puebla, es realmente bonita. Parece una ciudad rica, cuidada, con mucha actividad comercial, muchos restaurante y algo de turismo. Hay iglesias preciosas por todas partes. El zócalo es muy animado y tiene una gran parte cubierta por soportales. Encontramos un mercadillo de antigüedades donde conseguimos un billete de Zapata.
Es fin de semana así que todo el mundo está en la calle, bajo el sol. Comprando, comiendo, paseando. Escuchando música, viendo espectáculos callejeros. Hay ritmo.
 
Puebla también es famosa por su gastronomía así que los días que pasamos por allí probamos algunos de sus platos típicos. El mole poblano es conocido y apreciado en todo el país, mucho más que el de Oaxaca, aunque personalmente prefiero los moles zapotecos (los de Oaxaca, vamos).
El mole es una salsa, pero es una salsa muy historiada y trabajosa de preparar. Algunos moles pueden llevar hasta 50 ingrediente diferentes, y todos llevan por lo menos tres o cuatro (o más) variedades de chile. A pesar de llevar chile no suele ser muy picante porque el chile que se añade es previamente secado, ahumado y después cocinado. Algunos moles llevan chocolate o frutos secos. Y además muchas especias. La salsa es densa y pastosa y suele servirse con carne.
El origen de este plato tan barroco (en México toda la cultura, hasta la gastronómica, es un poco barroca) está en un convento de monjitas de clausura.
Además del mole están las cemitas, que son como bocadillos de pan redondo, con corteza semiblanda y con semillas de sésamo (parecido al de las hamburguesas pero menos blando y dulce), los tacos árabes, y el plato estrella de la región; el chile en nogada.
Este plato es de temporada y casualmente coincidimos con ella, así que no pudimos dejar de probarlo. Eso sí, cuesta un pico. Salir a cenar chile en nogada nos costó como una noche de alojamiento. Pero valió la pena.
Creo que el chile en nogada es el plato más elaborado del país. Es delicado y muy sabroso. Se trata de un pimiento verde (chile poblano, que es una mezcla entre el pimiento verde nuestro y el pimiento italiano) relleno con carne de cerdo, almendras, pasas, manzana,cebolla, jitomate (tomate verde), ajo... El chile a su vez va rebozado en harina y dorado. Y todo va cubierto con una salsa de crema, con queso ligero, nueces, canela y salpicado con granos de granada.
Exquisito y barroquísimo, ¿o no?
 
Después de pasar un par de días zampando en Puebla decidimos ir hacia Cuernavaca, la capital del estado de Morelos.
En un principio habíamos pensado en dirigirnos hacia la zona de la sierra de Veracruz, como a la mitad del estado. Pero a última hora, como no podíamos decidirnos entre sierra o ciudad echamos una moneda al aire y nos fuimos a Cuernavaca.
No sé si fue un error, porque Cuernavaca no nos gustó especialmente.
Veníamos del sur, de estar en ciudades bonitas, tranquilas, sin demasiado tráfico, construidas en damero, es decir, cuadrículas. Cuernavaca es todo lo contrario. Es una ciudad con pendientes, con calles retorcidas y tráfico de autobuses hasta en las calles más estrechas. 
Ruido, contaminación, suciedad, incomodidad... nos quedamos solo un par de noches.
 
El único día que pasamos en Cuernavaca lo dedicamos a conocer el Castillo de Hernán Cortés.
El conquistador se estableció en lo que hoy es Cuernavaca, que en náhuatl se llamaba Cuauhnáhuac. Cuando llegaron los españoles, Cuauhnáhuac estaba habitada por los tlahuicas, creo. La historia de los pobladores del estado de Morelos durante la época prehispánica es confusa. Por lo que pudimos leer, varias sociedades cohabitaban al mismo tiempo. Pero lo que sí parece que ocurrió fue que en algún momento los mexicas (aztecas) fueron haciéndose con el poder también en esta región.
Hoy en día el Palacio es un museo dedicado a la historia de Morelos, prehistórica, prehispánica, después de la conquista y después de la independencia. Algunos héroes de la historia mexicana son oriundos de la región. Sin ir más lejos, Emiliano Zapata nació en el estado de Morelos. 
 
Nuestros planes para las últimas tres semanas de viaje eran; pasar una o dos noches por un par de lugares en la Sierra de Veracruz, después dedicarle unos días a conocer la región de los Tuxtlas, donde vive Armando, un colega que hizo la residencia con Juanjo, el chaval que nos acogió en Cuenca, en Ecuador, y con mi padre en Lugo. Las dos últimas semanas recorreríamos un poquito la península de Yucatán.
Y eso hicimos. Una noche en Córdoba, donde nos alojamos en un hotel regentado por un gallego llegado a México 40 años atrás, y seguimos hasta San Andrés Tuxtla, donde Armando y su encantadora familia nos trataron como a faraones.
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