Veracruz y los Tuxtlas.

Escrito por Skapamerika. Publicado en Mexico

2 octubre de 2013
 
Armando nos viene a recoger a la pequeña terminal de San Andrés Tuxtla. Hace muucho calor y no dejará de hacer calor durante las dos semanas y poco que nos quedan en México.
Como ya os comenté anteriormente, Armando hizo la residencia de oftalmología en Lugo, en el hospital donde trabaja mi padre, donde coincidió con Juanjo, nuestro ya amigo ecuatoriano.
Es un detallazo que haya accedido a acogernos porque el pobre tiene un montón de trabajo. 
Bueno, no sólo nos acoge. Nos trata increíblemente bien. Tanto él como sus padres, que son amabilísimos, y toda la gente que trabaja con ellos.
 
Nada más llegar nos invitó a cenar los tacos de la zona y nos propuso, ya que él tenía que trabajar, que nos fuéramos a una casita que tienen sus padres en Montepío, un pueblín de la costa. La verdad es que no lo pensamos mucho, dijimos que sí.
A la mañana siguiente conocimos a sus padres, un matrimonio encantador. Durante el desayuno el padre de Armando nos contó una historia muy especial:
En julio de 1940, escapando del Régimen franquista, llegó a las costas de Veracruz un maestro republicano llamado Patricio Redondo. Poco tiempo después decide establecerse en San Andrés Tuxtla y comienza a dar clases a los chicos del pueblo bajo un árbol que había frente a su casa. Les habla de lo que ven, del Sol, de las estrellas, de la luz, y les pregunta, les pregunta muchas cosas y además les escucha. Así es como nace la Escuela Experimental Freinet.
El propósito de la escuela y de la propia técnica Freinet era "entrar en contacto con los niños para conocer su manera de expresión libre y espontánea". La técnica Freinet fue una técnica educativa importada desde Francia por algunos maestros republicanos que ejercieron en Cataluña, y cuyo eje pedagógico es la prensa tipográfica, es decir la imprenta. Los niños reflexionaban, escribían y luego imprimían su trabajo. Con esos trabajos se realizaban unas revistitas que enviaban a Francia, y a su vez, los niños mexicanos recibían revistitas hechas por niños franceses. Y así empezaron a aprender otro idioma.
El padre de Armando fue uno de esos niños afortunados.
 
Muchos años después de que el señor Patricio Redondo falleciera, aparecieron por San Andrés Tuxtla un fotógrafo llamado Sergi Bernal, y un periodista llamado Francesc Escribano, que seguían el rastro de un maestro catalán asesinado en Burgos pocos días después del levantamiento nacional.
El maestro republicano se llamaba Antoni Benaiges, había sido amigo de Patricio Redondo y también aplicó en su pequeña escuelita de Bañuelos de Bureba la técnica Freinet.
Y dejó a sus alumnos una promesa sin cumplir. Una promesa que fue arrebatada por la guerra. La promesa del mar.
Tras la exhumación en 2010 de algunas fosas en Burgos, comienza la investigación sobre este maestro, Antoni Benaiges, que finalmente les lleva hasta México.
Todo este trabajo dio como resultado el libro "Desenterrando el silencio. Antoni Benaiges, el maestro que prometió el mar", que tenía el padre de Armando, y con el que terminamos de completar la historia que os cuento aquí.
¿Era especial, o no era especial?
 
Bueno, pasamos una noche en la casita de la familia de Armando en Montepío. El pueblo es muy pequeño, apenas tiene nada. Unos chiringuitos para comer pescado, una iglesia y una tienda. Y algunos alojamientos. Por no tener no tiene ni señal telefónica. Pero es una maravilla.
Es tranquilo, está entre el mar y la selva. Por las noches y por las mañanas se escuchan los rugidos de los monos aulladores. Hay grandes lagartos e iguanas.
Ángel, el empleado de la familia que nos llevó hasta allí nos trató fenomenal. Antes de dejarnos solos nos preparó una michelada, que es cerveza con zumo de tomate, limón, sal, pimienta y un poco de chile ¡Suena asqueroso pero está buenísimo!
Ángel es un tipo encantador. Nos contó que antes de trabajar adaptando lentes se dedicaba a cazar serpientes para venderlas. Dice que le encantan. Que ahora tenía una boa en casa, pero pequeñita... nos quedamos con ganas de conocerla.
 
Después de un día de relax total en Montepío volvemos a San Andrés Tuxtla. Desde allí vamos un día a conocer Catemaco y probamos algunos platos del lugar, pero sólo me acuerdo de las garnachas porque el resto de nombres eran rarísimos. También nos cocinaron un día el ceviche mexicano, y la verdad es que estaba muy bueno.
 
Al cuarto día ya nos sentíamos un poco jetas. Y aunque estábamos estupendamente bien acomodados al lugar, decidimos que había que seguir caminando.
Entonces nos dirigimos a Campeche. Toda la noche de viaje para llegar.
Y después de Campeche, a seguir gorroneando ¡Visitaríamos a los Teigell que viven en México!
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