Campeche y Mérida

Escrito por Skapamerika. Publicado en Mexico

5 octubre de 2013 
 
Dejamos el estado de Veracruz y entramos en la península de Yucatán, en el estado de Campeche. En la tierra del calor infernal.
 
Llegamos a la terminal de Campeche y desde allí tomamos un bus urbano hasta el centro. Es mediodía así que el Sol está en plena actividad. No se puede estar por la calle si no es bajo una sombra.
Después de caminar un rato encontramos un hostel, no muy barato, y es que desde que salimos de Chiapas y Oaxaca los precios de los alojamientos se han encarecido considerablemente.
 
La ciudad de Campeche está pegadita al mar, al que los mexicanos consideran todavía el golfo de México, que está un poco más al oeste del mar caribe. También es Patrimonio de la Humanidad, y la verdad es que es una ciudad realmente bonita. Las calles son amplias, las casas están pintadas de colores pastel y brillan con la luz. Además, el centro conserva gran parte de la muralla que construyeron los españoles algunos años después de fundar la ciudad, allá por el año 1531, debido a los frecuentes ataques de los piratas.
Hoy en día la muralla no está completa, según nos contó el informador de turismo de la plaza principal, porque un gobernante hace años dijo que con la muralla no llegaba la brisa del mar.
Parece que siemplemente fue una excusa para dar dinero a la gente de urbanismo (vaya, qué novedad), pero lo cierto es que no le faltaba razón. Las calles por las que no corre la brisa marina son alargados hornos crematorios.
 
En Campeche pasamos únicamente una noche. Aprovechamos para comer pescadito y para contactar con mi familia de Mérida. 
Por la noche baja la temperatura y es muy agradable pasear por la ciudad. De casualidad nos encontramos con un espectáculo callejero organizado por una de las muchas escuelas  de baile que hay en Campeche. Nos gustó bastante porque los bailarines escenificaron bailes regionales de muchos de los estados de México. Y es que los bailes de México son bien guapos.
 
Al día siguiente llegamos a Mérida, en el estado de Yucatán, donde mi tía Ana, a quien no conocía, nos estaba esperando. Nos invitó a comer por el centro de Mérida, que es muy muy bonito, colonial. Se la conoce como la ciudad blanca. Visitamos algunos lugares importantes como el palacio de Gobernación, la Catedral y algún museo.
En el Centro Cultural Olimpo había una exposición de grabados de Rembrandt. 
Cuando terminamos de recorrer la exposición estuvimos habando un ratito con los guardas de seguridad del Centro, que nos aseguraron que por las noches se escuchaban ruidos extraños y sucedían episodios paranormales, y es que parece ser que el Centro Cultural está construído sobre un antiguo cementerio.
El tipo de seguridad, un fortachón armado con una ametralladora, nos contó que a veces aparecía agua en algunas rendijas del suelo, justo sobre las que él se tumbaba para descansar. También nos mostró fotografías que había hecho la noche anterior en las que se ven huellas de tierra de pies descalzos en una de las salas... 
 
Esa noche cenamos con algunos otros miembros de la familia Teigell a los que tampoco conocía. Mi tío Fernando y su mujer, que es peruana, su hijo (Fernando hijo) con su novia, y mi tío Mario. 
Nos invitaron a cenar a un restaurante de comida de Oaxaca, así que volvimos a comer chapulines y tlayudas y a beber un poquito de mezcal (ya lo echábamos de menos... jejeje).
Nos sentimos realmente agasajados. No nos permitieron pagar nada. Nos acogieron fenomenal, y mi tía Ana aguantó con nosotros metidos en casa unos cuantos días ¡Mil gracias desde aquí!
También pude conocer a algunos primos que no conocía, Ricardo y Mario, y a la hija de Mario, una princesita llamada Maria del Mar.
 
Y os preguntaréis ¿cómo han llegado los Teigell hasta México? Pues resulta que una hermana de mi abuelo, Ana Teigell, se casó con un mexicano, Mario Ancona. Durante algunos años vivieron en Salamanca, pero después se mudaron a Mérida, donde la familia Ancona tenía muy buena posición social.
Ha sido muy interesante, sociológicamente hablando, conocer la visión mexicana de una familia de la alta sociedad yucateca, teniendo también las referencias de una familia media de Veracruz, otra familia media-baja de Oaxaca y las familias indígenas de los pueblos Mancomunados.
Lo más curioso de todo es que comparten muchas opiniones sobre el gobierno y sobre la burocracia y la corrupción mexicana.
Mi primo Mario y mi tía Ana, que trabaja como escritora en un periódico de la región, nos pusieron los pelos de punta con las historias sobre secuestros, chantajes, corruptelas y corrupciones del país.
Según dice todo el mundo, México está podrido por la corrupción hasta las cimientes. Todo se consigue con dinero, y cuando digo todo, digo TODO. Hasta la policía mata por encargo.
 
Desde Mérida fuimos un día a Chichén Itzá, una de las ruinas precolombinas más interesantes que hemos visto ya que la arquitectura es una mezcla entre lo maya y lo tolteca. Los mayas, mucho más armónicos y los toltecas que son conocidos por su violencia.
Hay varias construcciones espectaculares, como el enorme juego de pelota que conserva sus aros tallados y los relieves de los jugadores vestidos para el partido y los perdedores decapitados. O también el templo de las calaveras, completamente cubierto por relieves de calaveras y águilas comiendo corazones humanos. Era un templo donde se practicaban sacrificios rituales.
 
Salimos poco por Mérida porque hacía un calor extremo o diluviaba. Pero lo pasamos bien.
Y yo estoy encantada de haber conocido por fin a esta parte de mi familia.
Teigelles de México, gracias por todo ¡os esperamos en Madrid!
 
Desde Mérida viajamos a Tulum, en el estado de Quintana Roo, en la famosa Rivera Maya, donde pasaremos los últimos días de nuestro maravilloso viaje...
No puedo creer que se vaya a terminar.
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