Rivera Maya. Tulum y Playa del Carmen

Escrito por Skapamerika. Publicado en Mexico

16 octubre de 2013 
 
Llegamos a Tulum con la decisión de no quedarnos en el pueblo, ya que desde allí hasta la playa hay unos cuantos kilómetros y buscábamos estar cerca del mar. Habíamos leído que entre todos los hoteles y cabañas caras se podían encontrar algunas cabañitas más baratas, aunque bastante precarias.
Frente a la terminal agarramos una furgoneta colectiva que nos dejó en el cruce de la carretera con las ruinas.
Justo cuando empezábamos a caminar hacia la playa nos abordó un chico ofreciéndonos un alojamiento junto al cruce. No estaba mal de precio, incluía desayuno, wifi, ventilador, las habitaciones contaban con mosquitera y además nos dejaban utilizar las bicis gratis. Estaba muy bien situado, a buena distancia del pueblo y de la playa. Nos convenció.
Dejamos nuestras cosas, nos pusimos el bañador, cogimos una bici y nos fuimos directos a la playa de Tulum. La primera playa en meses.
 
Por el camino tuvimos que esquivar a un montón de turistas que salían de las ruinas. Y eso que estamos en temporada baja. No puedo imaginarme lo coñazo que tene que ser venir aquí en verano o en navidades.
Pero cuando llegamos frente al mar... Daba igual que hubiera más gente al rededor. Allí estaba, el hermoso mar caribe, azulísimo, y la playa de arena blanca como harina.
Las cálidas aguas caribeñas nos recibieron como siempre, amorosas. No nos dejaban marchar.
 
Al día siguiente visitamos las ruinas de Tulum, repletas de turistas y bajo un Sol terrible. 
En la época en la que estuvo habitada por los mayas, la ciudad de Tulum se encontraba perfectmente aislada y protegida, por un manglar detrás y por las rocas y el océano delante. Están construídas además de forma estratégica, justo frente a un corte natural del arrecife de coral. Y en lo alto de lo que hoy parece una torre, los mayas mantenían encendido un fuego que servía de guía a las embarcaciones.
 
Después de unos días de playear en Tulum nos marchamos a Playa del Carmen. Antes de salir nos encontramos con un bombero canarión que empezaba su viaje de 4 meses, y que trataría de llegar hasta Panamá en ese tiempo.
Nos recomendó el Grand Hostel en Playa del Carmen y también un centro de buceo. Le hicimos caso y la jugada nos salió fenomenal.
 
La última semana la exprimimos al máximo.
Fuimos mucho a la playa, que en Playa del Carmen es más feucha porque los hoteles llegan hasta la arena. Pero aún así no está mal. No había mucha gente, el agua estaba limpia y calentita y la arena seguía siendo blanquísima.
Encontramos un sitio muy baratito en la esquina de la avenida 15 con la calle 4 donde nos hartamos a comer tacos y tortas mexicanas. De los mejores comedores del pueblo.
Conocimos a la gente del hostal, un fotógrafo catalán, un chef colombiano, un pequeño empresario de Monterrey huído escapando de los cárteles...
Y buceamos. Otra vez. ¡Por fin!
 
El centro de buceo Scuba 10 nos trató genial. Nos consiguió un buceo en uno de los mejores arrecifes de la isla de Cozumel, nos llevaron a bucear cenotes y también estuvimos en las costas de la Rivera Maya.
Nos impresionó un poco la diferencia de la temperatura del agua, mucho más calentita en Utila, y también las corrientes submarinas, totalmente desconocidas para nosotros.
 
Pero lo que más nos impresionaron fueron los cenotes, sin duda. 
Los cenotes son cavernas (o como dice la wikipedia, dolinas inundadas) de origen kárstico, formadas por las filtraciones de agua en la roca caliza. Algunas siguen totalmente cubiertas, pero otras estan semiabiertas o abiertas, por lo que parte de la cueva se puede ver desde el exterior, o bucear desde el exterior, es decir sin entrar en los túneles y las cavernas.
Nosotros tuvimos la suerte (bueno, pagamos la suerte) de bucear en dos, en El Pit y en Dos Ojos. El segundo cenote es de los más populares, porque, siempre con guía salvo que se cuente con el título específico de buceo en caverna, permite recorrer varios túneles. Es muy impactante ver formaciones bajo el agua.
Pero nosotros nos quedamos con El Pit, donde se realiza un buceo profundo de unos 35/40 metros, y se atraviesan algunas corrientes de agua salada, que son muy curiosas porque parece que viéramos a través de un objetivo desenfocado.
Los rayos del Sol atraviesan el agua por el pequeño ojo de entrada y se proyectan como gigantes haces de luz hacia el fondo. La visibilidad es absoluta, parece que buceáramos en el aire. Y las sensaciones son muy intensas. Muy especiales.
Extrañábamos mucho bucear.
 
Los buceos en el mar fueron bastante buenos también. En Cozumel fuimos a la garganta del diablo, y a una pequeña pared coralina. Y en Palaya del Carmen fuimos a un jardín de esponjas (donde vimos varias tortugas enormes) y a otra pequeña pared llena de bancos de peces. 
Bucear con corriente fue otra experiencia, y nos sirvió para practicar nuestra flotabilidad y para disfrutar, tranquilamente, sin apenas movernos. Era como visitar un inmenso acuario subidos a una cinta mecánica.
 
En fin, entre buceos, playeos, tacos y siestas pasó la semana. 
La última semana. El final de los finales.
Y así es como en México, desde el calor del Caribe, se terminó un largo sueño.
¿Tocaba despertar?
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