Entramos en Nicaragua. Lago Cocibolca y Ometepe

Escrito por Skapamerika. Publicado en Nicaragua

5 junio de 2013

 
Cruzamos la frontera de Costa Rica a Nicaragua por la mañana temprano.
Es una frontera fea, como casi todas, y es sorprendente comprobar desde el primer minuto la diferencia abismal, palpable, evidente, entre ambos países.
 
Nada más bajarse del autobús costarricense, una nube de “cambiadores” ticos y nicas, oficiales y extraoficiales, zumba llamando la atención de los viajeros, tratando de que les elijan a ellos y a ningún otro, a pesar de que aparentemente todos ofrecen el mismo tipo de cambio.
Es importante conocer el cambio correspondiente porque todos, también los oficiales, van a tratar de timarnos.
 
Para entrar a Nicaragua hay que pagar 10$, y te los piden en dólares. En mi caso protesté, les dije que venía de Costa Rica donde la moneda es el colón, quería entrar en Nicaragua donde la moneda es el córdoba, y que era española y mi moneda era el euro ¿Por qué razón iba a tener dólares? Me pusieron mala cara pero al final nos cobraron en córdobas.
Me cuesta entender la posición política de los gobiernos de Latinoamérica, incluso la posición mental “antiamericana” o “antiimperalista”, que permite valorar todo lo nacional en la moneda estadounidense.
En Panamá y Costa Rica directamente puedes utilizar indistintamente la moneda nacional y la yankee, aunque es cierto que estos dos países se encuentran digamos “más cerca” de EEUU.
 
Una vez en suelo nicaragüense nos encontramos en una terminal de buses llena de gente, de comida y de jaleo.
Preguntamos a un conductor de un autobús San José – Managua, y como tenía sitio nos dijo que nos acercaba a Rivas por unos pesos.
Desde Rivas pillamos un taxi para ir a San Jorge, el puertito desde donde salen los ferrys o las barcas que van hasta la isla de Ometepe, en el lago Cocibolca (mar dulce), el gran lago de Nicaragua.
 
Después de comernos un pescadito en un chiringuito cerca de la entrada y de esperar un buen rato a que saliera el siguiente barco, por fin nos subimos a lo que se supone que era la barca, más barata que el ferry, y nos dimos cuenta de que ni la barca era una barca (era un barco pequeñito de madera de dos plantas) ni el ferry era un ferry (era un barco un poco más grande).
 
La barca tarda una hora en llegar a Moyogalpa, una de las principales poblaciones de Ometepe.
El pueblito es pequeño y precario pero tiene de todo; lugares donde hacer la compra, sitios para comer, donde tomar una cerveza o un jugo, y alojamientos. Aunque lo mejor son las increíbles vistas del volcán Concepción.
 
La isla de Ometepe es una isla pequeñita con forma de ocho y con dos volcanes. El volcán Concepción en la zona norte y el volcán Maderas en la zona sur.
Ninguno de los dos es muy alto, pero como el resto de la isla es bastante baja, ambos volcanes parecen enormes. Un poco más el volcán Concepción porque es más cónico. Tiene la forma de un volcán perfecto.
 
En Ometepe nos quedamos un par de noches, pero nos quedamos con ganas de quedarnos muchas más. Nos alojamos en un mini hostel que no parece un hostel, parece una casita familiar.
Allí trabajaba una niña de 16 añitos muy rica, llamada Dayana (así, tal cual) de la que nos hicimos coleguillas. Hablábamos mucho con ella, se pasaba todo el día trabajando la pobre. Entraba a las 6 de la mañana y nunca la vimos marcharse antes de las 18:30h, todo por menos de 75€ al mes.
El último día nos contó que pensaba dejar el trabajo porque sus jefes, los dueños, no la trataban bien ¡Le querían cobrar a ella los desperfectos que hacían los viajeros!
La verdad es que el par de veces que hablamos con los dueños, que normalmente estaban en otro alojamiento que tienen, nos dieron muy mala espina.
Por eso, a pesar de haber estado muy a gusto en el “Ibesa” no lo recomendamos, porque para cuando queráis ir, con suerte Dayana ya se habrá marchado, y no queremos colaborar con los dueños a hacerse más ricos y a seguir explotando a menores.

La isla puede recorrerse en autobús, en bici, en moto, a caballo… No todas las carreteras están bien asfaltadas por lo que los transportes tienen limitados los recorridos.

Nosotros alquilamos unas bicis, es muy barato, y nos fuimos a pasar el día a la Laguna Charco Verde, una pequeña reserva donde además se encuentra la playa Bancón. Cuando llegamos estaba completamente vacía, y durante un buen rato pudimos disfrutar de la playita para nosotros solos.
La playa no es especialmente bonita, pero las vistas son increíbles porque se pueden ver los dos volcanes.

Pensamos en quedarnos más días e ir a la zona sur de Ometepe, y subir al volcán Maderas. También le dimos vueltas a tratar de llegar a la costa caribeña, de muy difícil acceso, yendo en barco hasta el puertito de San Carlos, en la orilla opuesta a Rivas (y luego a una población llamada El Castillo, y luego en barco por el río San Juan, y meternos en la selva hasta salir al Caribe).

Al final no hicimos ninguna de las dos cosas… no sé por qué, entramos flojos en Nicaragua. Como si hubiéramos agotado las ganas de aventura, de complicarnos la vida, de disfrutar de las dificultades, lo imprevisible, las incomodidades…
Espero que regresen esas ganas porque las extraño un poco.

Por último se nos ocurrió llegar a Granada en barco, a solo unas 4 horas desde Ometepe, pero al final tampoco resultó. Los barcos sólo pasan dos veces en semana en dirección a Granada ¡y pasan siempre a las 12 de la noche! Y eso significa llegar a Granada a las 4 de la mañana, con todo cerrado, qué cosa más tonta.

Nos regresamos a San Jorge, taxi hasta la terminal de Rivas y bus hasta Granada, “la Gran Sultana” de América.

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El volcán Concepción

 

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Carretera de Ometepe

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