Jinotega y Ocotal. Adiós Nicaragüita.

Escrito por Skapamerika. Publicado en Nicaragua

20 junio 2013
 
En Jinotega pasamos un par de noches porque es un sitio pequeño, barato y no hace calor.
Un día subimos al mirador del pueblo, por hacer algo, ya que las Reservas que se pueden visitar desde Jinotega están a muchas horas en autobús, y vamos a ser sinceros, ya estamos con medio cuerpo en Honduras y andamos perezosos.
 
El día que subimos al mirador conocimos a uno de sus guardianes. Los contrata el Ayuntamiento para proteger a los visitantes extranjeros de los ladrones que esperan en lo alto del cerro.
Resultó ser un chaval muy majete, aunque al principio nos dio un poco de mal rollo porque iba armado con una pistola.
El día que le conocimos estaba haciendo doble turno porque su compañero, un señor más mayor, estaba recibiendo una ayuda del gobierno consistente en unas planchas de aluminio para techar casas. Es una de las ayudas habituales que se reparten en Nicaragua, lo cual está muy bien salvo porque aquí pasa lo mismo que en todas partes. Las ayudas no se dan siempre a los que más las necesitan sino a los que tienen los mejores “amigos”.
 
Cuando llegamos al mirador había tres chavales con palos y un perro, que parecían esperar en la entrada, y que cuando vieron a nuestro amigo cambiaron claramente de postura. Al final tuvimos suerte de encontrarnos con el guardián.
Además de protegernos nos contó algunas cosas de la historia de su pueblo, que fue una de las principales resistencias de la guerrilla sandinista. Dice recordar vagamente la guerra, era muy pequeño.
También nos dijo que nunca había comido hamburguesas y que perritos calientes sólo una vez, y no le gustaron, dice que saben mucho a pan. No le gustan esas “comidas gringas” prefiere su carne asada y su gallo pinto, bien nicaragüenses.
 
Después de Jinotega tuvimos que regresar a Estelí, y sin salir de la terminal nos montamos en otro bus en dirección a Ocotal, cerca de la frontera con Honduras.
 
Estuvimos pensando llegar hasta Somoto y descender el cañón de Somoto, pero al final decidimos no hacerlo. Por la información que leímos sobre el descenso del cañón, debe ser bastante divertido y nada masificado.
 
Una de las razones por las que no quisimos entretenernos más en Nicaragua fue que descubrimos que el sellado del pasaporte en Centroamérica no funciona como en el resto de América Latina.
Aquí existe lo que llaman el “C4”un tratado centroamericano de circulación, que permite una permanencia total en Centroamérica de máximo 90 días.
El tratado está firmado por Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala, así que desde el momento en que sellan la entrada a alguno de estos países empiezan a contar los tres meses de permanencia para cualquiera de los cuatro. A no ser que no te muevas del país donde has sellado la entrada.
Cada vez que se entra en un nuevo país te sellan la entrada a ese nuevo país pero no la salida del anterior.
Ya lo sé, es un lío de explicar, pero bueno, básicamente nos dimos cuenta de que debíamos repartir tres meses en los posibles cuatro países que queríamos visitar, y ya llevábamos cerca de 20 días en Nica, así que debíamos seguir viaje.
 
En Ocotal dormimos una noche en el pequeño alojamiento de una pareja joven. Teníamos hasta wifi!
 
Al día siguiente viajamos a Las Manos, la frontera con Honduras.
Dejábamos atrás Nicaragua, un territorio hermoso, de volcanes y lagos.
De gente amable y hospitalaria.
Un país luchador, fuerte, honesto y romántico.
 
Adiós, Nicaragua, Nicaragüita, espero que volvamos a vernos.
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