Parque Nacional Corcovado (parte I)

Escrito por Skapamerika. Publicado en Panamá y Costa Rica

19 mayo de 2013
 
Pues eso, que no sé muy bien por qué razón, cuando ya habíamos dicho y repetido que a la selva poco y dentro de un tiempo, olvidamos de sopetón lo mal que lo hemos pasado, y otra vez nos metemos en el mismo berenjenal.
Aunque hay que reconocer que esta vez el berenjenal fue menos heavy de lo nos habíamos imaginado.
 
Resulta que cuando llegamos a la frontera con Panamá aún no teníamos muy claro hacia dónde dirigirnos.
Habíamos cotilleado por internet y habíamos leído las crónicas de algunos viajeros. En concreto hubo una que llamó poderosamente nuestra atención. La escribía un chico o señor español y contaba su experiencia en un Parque Nacional al sur de Costa Rica (más o menos cerca de la frontera), bastante poco explotado turísticamente, y que describía como un lugar salvaje e imprevisible… efectivamente, se trataba del P.N Corcovado.
 
El señor hablaba de una ruta donde había que cruzar 20 ríos con gran caudal, algunos con tiburones y cocodrilos, senderos imposibles, panteras, 5 litros de agua al día por persona, calor sofocante, lluvia torrencial… en fin, un conjunto de experiencias nada apetecibles y totalmente evitables que fueron las que terminaron de convencernos.
Si este tío que escribía en el foro de viajeros.com había podido ¿por qué nosotros no? Además, su diario había sido escrito en 2004 ¡hace diez años! Estábamos seguros de que la cosa habría cambiado desde entonces.
Os dejo su crónica para que la leáis si os apetece, y así os hacéis una idea de la impresión que nos habíamos hecho antes de ir… http://www.viajeros.com/diarios/costa-rica/12-de-julio-de-2004-corcovado-costa-rica
 
Estaba decidido, nuestra aventura en Costa Rica sería ésta. Nos íbamos a la Península de Osa.
 
Una vez en Puerto Jiménez dedicamos un día a preparar la excursión; fuimos a la oficina del parque a inscribirnos, a informarnos y a pagar (tooodo se paga en Costa Rica).
El tema que más nos preocupaba era el agua, no queríamos llevar 5 kilos de agua por persona. Caminar por la selva con mucho peso a la espalda duplica la tortura, y lo sabemos por experiencia… así que fue lo primero que preguntamos.
Cuando la trabajadora del parque nos dijo que ella llevaba sólo una botella de un litro para todo el camino (21km aprox) y que la rellenaba solo una vez hacia la mitad, empezamos a sospechar que o mucho cambiaban las cosas en 10 años, o alguien había exagerado un poquito su historia.
Otro tema que resultaba importante era conocer el horario de las mareas, ya que Corcovado es más o menos como Tayrona, en el sentido de que comprende una gran zona de selva que termina en la playa, pero de una extensión mucho más grande, claro.
Por lo visto tuvimos suerte y las mareas nos cuadraban perfectamente… a la ida.
 
Compramos comida, agua (1’750 l por persona), preparamos las mochilas y a dormir, que al día siguiente había que caminar duro y levantarse a las 5:30h.
A las 6:00h cogimos la camioneta que te lleva hasta Carate, un chiringuito con baños, desde donde empieza la caminata. Son un par de horas de viaje durante las que se cruza algún río. Por suerte aún las lluvias no están pegando fuerte así que los salvamos sin problema.
La primera hora de caminata es por la playa. Hace calorcete pero la brisa del mar ayuda a no sentirlo tanto.
La playa es espectacular, de arena gris, larguísima, infinita, perfila toda la península. Y el Pacífico está revoltoso, pero qué bonito se pone el mar cuando presume de olas.
 
Después de una hora se llega a la Estación La Leona, entrada del Parque. Vuelta a registrarse y seguimos. Esta segunda parte del camino empieza por el interior de la selva, pero siempre va paralelo al mar así que es imposible perderse.
La vegetación es muy frondosa, aún llega la brisa y los árboles tapan el Sol así que amortiguan el calor, pero hay muchísima humedad por lo que desde el minuto dos ya se está sudando como un pollo asado.
 
De repente… ¡monos! Habíamos leído que se veían muchos animales pero ¿tan rápido? Los primeros que vemos son los monitos de cara blanca, los siguientes, una pareja de monos colorados o araña con un pequeñín agarrado a la espalda que están comiendo plátanos. En esta zona hay muchas palmeras plataneras, otras con nísperos… hay mogollón de fruta salvaje.
Vemos muchísimos cangrejos, grandes y pequeños, todos correteando por la selva. Y de pronto… ¡un animal rarísimo! ¿qué es? Tenía el morrete largo, una cola larga,peluda y de rayas. Había una manada, corrían hacia todas direcciones, pero hubo uno que se quedó justo delante nuestra metiendo la manita en el agujero de un coco y chupándosela… ¡qué bonito!
Poco después nos encontramos con unos chicos voluntarios que estaban recogiendo basuras que traía el océano y nos dijeron que ese animal se llama Coatí, es una especie de mezcla entre oso hormiguero y mapache, para que os hagáis una idea.
 
Durante el camino, que se ve fácil y es bastante entretenido, se cruzan algunos río, nosotros siempre con caudal bajo o relativamente bajo.
A partir de un punto hay que volver a caminar por la playa, que es preciosa, pero que es un poco aburrida porque el ritmo es más lento, pega más el Sol y encima no se ven animalillos.
Hay cruzar algunas zonas de rocas (en la Oficina del Parque en Pto Jiménez te dan un mapa), la de Salsipuedes es bien guapa.
 
La siguiente parte del recorrido combina tramos de selva densos con otros muy pelados, con playa o con borde de selva con playa.
En una de estas que Cesar se para a hacer fotos a los árboles, seguí caminando sola durante unos metros, pero de pronto… ¿qué coño es eso? ¡Vi el culo de un animal enorme, parecía un chancho de tropa gigante! Soy un poco cagona, lo reconozco, y empecé a retroceder marcha atrás sigilosamente… en esto que el bicho me detecta y se da la vuelta, y me empieza a seguir despacito. Cuando se giró vi que tenía una especie de trompa ¿un oso hormiguero? ¿pero tan grande? pero si no tiene pelo ¿estos tienen pelo? ¿son agresivos? ¡Ayy madre!
Llegué donde estaba Cesar y empecé a gritarle bajito “¡un bicho enorme! ¡No sé qué es!” Entonces apareció el bicho, tan pichi de paseo, nos miró, no nos hizo ni puñetero caso y siguió su camino.
¡Un tapir! Me dijo Cesar, ¡eso es un Tapir! Joer yo me imaginaba a los tapires más pequeños, vaya susto, pero qué bien.
 
Ya quedaba menos para llegar, habíamos caminado durante unas 7 horas sin parar casi, solo para hacer alguna foto y comer un par de barritas.
Habíamos estado casi todo el tiempo solos pero en un momento un grupo de 5 yankees con guía nos adelantó.
El camino no necesita guía, pero mucha gente los contrata para ver animales.
Algunos metros después de pasarnos se pararon, luego continuaron y luego se pararon otra vez. Cuando les alcanzamos, uno de ellos nos dice “- ¿habéis visto al puma?” ¿¿Qué??  “- Sí, un poco más atrás, había un puma tumbado en un claro, nos miró y siguió descansando…”
No podíamos creerlo, habíamos pasado AL LADO, al ladito de un puma ¡¡y no lo vimos!!
Uff… creo que va a ser difícil volver a tener una oportunidad como esta otra vez. El guía desde luego estaba encantado, una demostración más de que si vas sin guía no ves tantos animales.
 
Por fin llegamos al último río, ese que en la crónica del viajero dice que está muy alto, lleno de tiburones y cocodrilos esperando comerle en la otra orilla.
Pues nosotros lo cruzamos con el agua por debajo de la rodilla, de los tiburones ni hablamos, y de los cocodrilos ni rastro, pero vimos una iguana la mar de chula.
 
21 km y 8 horas después, completamente empapados en sudor, cansadísimos y con hambre, llegamos por fin a la Estación La Sirena, nuestro campo base para las dos próximas noches.
Nada más cruzar un puentecito que nos acerca a las instalaciones vemos ojipláticos como una enorme serpiente (y cuando digo enorme, digo enorme…) de color gris se desliza entre la hierba hacia el agua… brrr
 
Montamos la tienda boliviana bajo techo (para no morir ahogados) y en un alto (para no morir envenenados), nos damos una buena ducha de agua fría, nos comemos una ricas latitas y a las 20h caemos redondos.
 
Mañana más.
 
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El tapir que casi me come
 
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