Llegamos a Perú. Puno y el Lago Titicaca.

Escrito por Skapamerika. Publicado en Perú

28 octubre 2012
 
A pesar de que no hay apenas distancia entre Puno y la última población boliviana, en seguida nos damos cuenta de que hemos cambiado de país. Y no porque no haya cholitas, que las hay, o porque las carreteras sean mejores, que no es así, sino por los TURISTAS!
 
La pequeña ciudad de Puno es la puerta de entrada al Titicaca peruano y está llena, repleta de gringos. Lo absurdo es que todos los gringos se concentran en dos o tres calles del centro y en el puertito, donde se cogen los barcos para ir a las islas.
Una vez que se sale de ahí, parece que la ciudad no tiene turistas. En el mercado no hay ninguno, ni en las feúchas calles de las afueras, y por suerte tampoco hay vendedores de artesanía ni camareros en busca de comensales, es allí donde encontramos la verdadera cara de Puno.
 
Para visitar las islas del Titicaca es un poco difícil salirse del circuito gringo. Hay unos billetes de barco que duran unos 10 días con los que puedes saltar de isla en isla. Lo malo es que el recorrido es siempre el mismo, así que no puede hacerse el camino al revés, ni saltarse alguna isla que no se quiera visitar.
En nuestro caso, no teníamos mucho interés en conocer las islas de Uros pero tuvimos que pasar allí una hora por narices, porque el barquito para allí durante ese tiempo.
Ahora puedo decir que esa hora en Uros ha sido de las peores horas de todo el viaje.
 
Las islas de Uros son islas artificiales, construidas con la planta de totora, que crece en el lago Titicaca.
Lo malo es que desde hace ya muchos años, probablemente desde que empezaron a ser visitadas por turistas, estas islas han dejado de ser lo que eran. Los descendientes de los primeros pobladores ya no viven en las islas, solo fingen vivir allí para que los turistas los visiten, les hagan fotos y les compren artesanía.
Y las magníficas embarcaciones de totora hoy en día sólo se utilizan para que los turistas den un corto paseo de una isla a otra. En fin, lamentable.
 
Después de Uros estuvimos en Amantaní y Taquile, donde el alojamiento está organizado en base a un supuesto sistema rotativo de familias para que todos los miembros de la comunidad tengan más o menos las mismas oportunidades de aprovecharse del turismo, que es masivo. Lo que no sabemos es si de verdad se cumple o no se cumple. En teoría el precio es el mismo en cada casa, donde te ofrecen comida y cama.
En Amantaní nos quedamos en casa del juez de paz de la isla y tuvimos la oportunidad de ver alguno de los litigios, y comimos patatas, cenamos patatas y desayunamos más patatas. Patatas de todos los tamaños, formas y colores. Y bien ricas que estaban.
El clima es tan seco y la tierra tan mala en estas islas que casi lo único de lo que pueden vivir sus habitantes de la plantación de patata, además del turismo claro.
 
Taquile es un poco más pequeña y pudimos recorrerla entera a pie ¡y hasta nos dimos un baño en una de sus playas! El agua estaba gélida pero la playa era tan bonita que no pudimos resistirnos. Y a ver cuántos pueden presumir de haberse dado un chapuzón en el Titicaca.
La artesanía textil de Taquile es de una belleza y una calidad increíble. Casi todos los miembros de la comunidad son hábiles tejedores, y tejen durante todo el día, incluso mientras caminan por el pueblo.
Los hombres son los encargados de tejer los gorros, que son diferentes dependiendo si son para el uso de un hombre con un puesto destacado en la comunidad, o para un hombre casado… también es una manera de distinguirse la forma en la que se lleva puesto ese gorro. Por ejemplo, los niños llevan la borla hacia atrás, los solteros la llevan a un lado de la cabeza y los casados cruzan la tela del gorro por detrás.
Las mujeres tejen de todo, fajines, chalecos, pulseras, y tonterías para turistas. Y siempre llevan colgando de una mano una especie de huso con el que hilan y deshilan la lana para tejer.
Durante el día Taquile está plagada de gringos que recorren las calles del centro, pero después de la hora de comer, cuando sale el último barco de vuelta a Puno, pocos de ellos se quedan a dormir en la isla, así que tuvimos todo el pueblo para nosotros.
 
Después de unos días recorriendo  las islas regresamos a Puno, donde tuvimos la suerte de ver un festival folklórico universitario. Otra vez caporales, sayas y marineras llenaron las calles de música y color.
 
Al día siguiente salimos hacia Arequipa.
 
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Transporte en Puno
 
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Descansando
 
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Amantaní
 
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Pichando coca en Amantaní
 
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El cole de Taquile
 
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Tejedor de Taquile
 
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Soltero o casado?
 
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Taquile
 
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Esperando el barco
 
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Partido de Voleybol en domingo
 
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