Cañón del Colca

Escrito por Skapamerika. Publicado en Perú

9 de novimbre de 2012

Relativamente cerca de la ciudad de Arequipa se encuentran los dos cañones más profundos del mundo, incluso más profundos que el famosérrimo Gran Cañón del Colorado, son los cañones del Colca y de Cotahuasi.
A pesar de que nos recomendaron mucho visitar el cañón de Cotahuasi, porque está menos masificado, finalmente no lo hicimos… este cañón se encuentra a más de 10 horas en autobús desde Arequipa, y nos dio pereza, la verdad.
Sin embargo sí recorrimos el cañón del Colca, y como diseñamos nuestra propia ruta, y fuimos sin agencia y sin guías, esquivamos bastante bien a las hordas de gringos.
 
Desde Arequipa hasta Cabanaconde, la pequeña población desde donde empezamos nuestro trekking, se tardan unas 5 o 6 horas en autobús.
Cabanaconde se encuentra casi al final del cañón, así que en cuanto se empieza a descender las vistas son impresionantes.
 
El primer día descendimos la empinada pared del cañón, cruzamos el río Colca y volvimos a ascender por la pared opuesta hasta Tapay, una minúscula población que extiende su pequeño territorio casi vertical por la pared del cañón. En total unas 5 horas de camino.
Allí dormimos en casa de un chaval muy simpático con un nombre rarísimo que soy incapaz de recordar.
Nos contó que su familia era de allí, pero que su mujer y sus hijos vivían en Arequipa para que los chicos pudieran estudiar. Él, cada vez que podía, se tomaba unos días libres y recorría todo el trayecto hasta Cabanaconde a pie o en burro, ladera abajo y ladera arriba, y luego tomaba el autobús de 6 horas hasta Arequipa. Allí pasaba un par de días en compañía de su familia y otra vez el camino de vuelta de 10h hasta llegar a su casa.
 
Al día siguiente partimos en dirección a Llaguar, descendiendo nuevamente la pared del cañón hasta el río, y recorriendo algunos pueblecitos por el camino.
Estos pueblos se encuentran aproximadamente hacia la mitad de la pared del cañón más visible, y por estar cerca del río cuentan con un clima más favorable para la agricultura que los pueblos altos como Tapay.
Las mujeres de esta parte de Perú visten con unos gorros y chalecos preciosos, bordados finamente con delicados dibujos de colores.
En una conversación con una de las mujeres del lugar, nos confesó que a pesar de ser el traje típico y de uso diario en la región, estos accesorios son carísimos para su poder adquisitivo, y que durante toda su vida solamente pueden estrenar dos o tres, por eso casi siempre se ven desgastados y sucios.
 
Llegamos a Llaguar bastante cansados, varias horas de descenso empinado dejan los pies hechos picadillo. Por suerte para nosotros Llaguar, que en realidad no es un pueblo sino más bien una especie de asentamiento con dos alojamientos para turistas, cuenta además con tres increíbles piscinas termales ¡totalmente gratuitas!
Las piscinas son pequeñas, tienen diferentes grados de temperatura, y están perfectamente a la altura de las piscinas islandesas; aisladas, solitarias, silenciosas y muy reconfortantes.
El dueño del alojamiento de Llaguar nos contó que fue él mismo quien las ha ido construyendo. Nos contó también que cada vez que llega la época de lluvias el río crece y cubre las piscinas durante varios meses, y que al volver a descender, las fuentes termales han cambiado de lugar así que tiene que volver a localizarlas y canalizar el agua para que llene de nuevo las piscinas.
 
Después de relajarnos en sus piscinas, disfrutar de una deliciosa trucha recién pescadita y descansar una noche, dejamos Llaguar y nos dirigimos de vuelta hacia Cabanaconde. Una ruta bastante dura de entre 5 y 6 horas de ascenso empinado.
 
Dormimos una noche más en Cabanaconde y a la mañana siguiente salimos tempranito de camino a Arequipa para encontrarnos con Alain, que ya debe haber llegado desde Chile.
 
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