De Huancavelica a Tarma

Escrito por Skapamerika. Publicado en Perú

1 de Diciembre 2012

Los siguientes días los pasamos recorriendo una sucesión de poblaciones situadas en el valle del río Mantaro a alrededor de 3000msnm y a años luz de cualquier actividad turística.
Durante días somos los únicos gringos en varios kilómetros a la redonda, y después del caos de Cuzco, Machu Picchu y la costa, esta paz es balsámica.
 
Desde Huancavelica hasta Tarma no visitamos ni un punto de interés turístico, simplemente disfrutamos del encanto de la cotidianeidad, recorriendo el día a día de la población del altiplano peruano.
 
En Huancavelica descubrimos un pequeño pueblo que aún conserva su corazón colonial, muchas iglesias y una bonita  plaza de Armas.
Además, allí presenciamos cómo el pueblo peruano sigue en pie de lucha para evitar la privatización de su sistema de educación pública.
Hablamos con un grupo de mujeres que nos cuenta que el Gobierno peruano aprobó la pasada madrugada, a la 1am, de la forma más ruin, una ley relativa a la privatización, que los sindicatos de maestros llevan peleando meses por evitar que se apruebe.
Y por eso están hoy todos reunidos delante del Gobierno Regional, pacíficamente sentados, a la espera de noticias de una reunión que se está produciendo en el interior de sus oficinas, mientras un escuadrón de antidisturbios vestido con su habitual armadura protege el Gobierno Regional, allí de pie, durante horas, incluso mucho rato después de que se haya dispersado hasta el último curioso, como si fueran la guardia personal de algún emperador ¿? O el guarda espaldas de una estrella de rock.
 
Resulta doloroso escuchar cómo las mujeres dicen que no quieren que en Perú pase lo mismo que en Chile, México y España… ¡España! Le respondo, yo vengo de allí. Cuéntame entonces me dice. Y hablamos, y nos damos cuenta de que la clase política es una basura, aquí y en cualquier parte. Y que el sistema capitalista se ha colado por cada pequeña rendija de cada ventana de cada parlamento, emponzoñando los salones de congresos, los estrados de los diputados, escurriendo su chapapote neoliberal encima de cada Constitución Democrática.
Y los más desprotegidos, que aquí en Perú son muchos más que en España, se quedarán sin poder acceder a una educación de calidad, y seguirán, generación tras generación, plantando papas en una tierra difícil, o sacándose fotos para los turistas, con sus ovejas, sus llamas o sus alpacas a cambio de un mísero sol.
 
Huancayo es una pequeña ciudad, con diferencia la población mayor de todo el valle. Es sucia, gris, ruidosa y polvorienta, pero absolutamente real.
Los mercados son caóticos, las combis, taxis y mototaxis hacen sonar el claxon en cada esquina. La gente ni nos mira, a pesar de ser los únicos gringos a nadie le parecemos interesantes ¡qué maravilla!
Pasamos el domingo en Chaunaca, una población minúscula de los alrededores. Visitamos su enorme mercado, y miramos, observamos, curioseamos.
Descubrimos el delicioso chancho asado… un enorme chancho asado durante toda la noche dentro de un horno de leña. La carne está tiernecita a pesar de ser un chancho adulto, y se sirve con papa cocida y con cebolla morada, cruda y macerada en vinagre y picante ¡Madre mía, riquísimo!
En una de las plazas encontramos una familia que está celebrando un bautizo. Lo llaman bautizo pero la niña en cuestión tiene unos 10 años y va vestida de comunión. Hay una gran banda tocando música folklórica y botellas de cerveza circulando.
La familia y otros paisanos bailan en un gran círculo, algunos ya llevan algunas cervezas de más.
Como nos ven curioseando nos invitan a compartir la fiesta con ellos. Son tímidos y no nos hablan mucho, pero quieren que celebremos con ellos.
 
Jauja es una de las primeras poblaciones fundadas en Perú por Francisco Pizarro. De su pasado colonial sólo conserva la iglesia, la Plaza de Armas, y el barrio más antiguo.
En Jauja tuvimos la suerte de ver la grabación de uno de esos famosísimos videoclips aquí en Perú, en los que sale una cholita vestida con traje típico y canta canciones de amor y desamor que no riman en ninguna de sus estrofas, con una vocecita que parece un gemido, un lloriqueo. Si los videoclips, que emiten por televisión a todas horas, son bizarros (acordaros de Mary Rosas y los Maravillosos del Requinto) imaginaros cómo debe ser la grabación… ¡buenísima!
 
Tarma es nuestra última parada antes de volver a la costa, esta vez nos dirigimos a Lima.
En Tarma, igual que en los pueblos anteriores, lo tomamos con calma, paseamos.
Compramos fruta en los puestos callejeros de fruta fresca pelada y cortada, bebemos riquísimos zumos naturales, comemos enormes menús por 1€, ahorramos mucha plata en los alojamientos, y conocemos la realidad del mundo rural peruano. Con su parsimonia, su no entender, su particular forma de hacer las cosas. Sus cosas que no funcionan, su ruido callejero, la suciedad de sus calles.
Su gente tímida, alegre, luchadora, fuerte. Su quechua mezclado con el español. Su tradición, reivindicada en cada traje y cada sombrero.
Su mundo y su vida, a 8 horas de viaje de Lima. A 8 mil años luz.

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