Lima

Escrito por Skapamerika. Publicado en Perú

8 de diciembre de 2012

Bueno, pues ya estamos en la capital de Perú.
 
Por un momento no se me ocurre nada más que decir… aunque no sería justo para nuestros lectores, tampoco para los peruanos, ni para la crónica del viaje saltarnos el capítulo de Lima, que al fin y al cabo es una capital importante.
Así que allá vamos…
 
Llegamos a Lima por la noche y con el alojamiento reservado. Lima es enormemente gigante. Incomodísima en su magnitud, por eso decidimos buscar un sitio donde dormir antes de llegar. Pensad que es la primera ciudad grande que pisamos desde La Paz, con la pequeña diferencia de que La Paz da cobijo a unos 2 millones de habitantes, y Lima a unos 9 millones.
 
Cada barrio de Lima es como una pequeña gran ciudad, el problema es que el transporte público es un desastre. No por infrecuente, sino por desorganizado y excesivo.
Las carreteras que atraviesan la capital, de todos los tamaños,  en todas direcciones, están atestadas de taxis, de autobuses de diferentes colores con diferentes destinos que son anunciados a voces por los ayudantes de los conductores. Así mismo, a voces, es como tienes que avisar de que quieres bajar del autobús.
La parte buena es que dentro de ese caos que tanto abruma al viajero, los trabajadores del transporte público suelen echar una mano.
La ciudad está pidiendo a gritos la construcción de un metro que desahogue de tráfico la superficie. Sin embargo, en vez de un metro, lo que se está construyendo es una especie de copia de lo que se hizo con la M-30 (Calle 30 quiero decir…) en Madrid. Es decir, hacer un gran túnel que pase por debajo del río Rímac para, en vez de hacer fluir el tráfico, esconderlo.
 
En Lima pasamos sólo tres o cuatro días, en los cuales visitamos el centro histórico, muy bonito, la verdad. Entramos en la catedral y vimos la sepultura del insigne conquistador Francisco de Pizarro.
Un poco más allá del centro histórico, cruzando el río, se extiende el barrio de Rímac, con edificios coloniales también, pero mal cuidados y abandonados. Y con un índice de peligrosidad y delincuencia un poquito mayor.
 
Los barrios de Miraflores y Barranco son barrios residenciales con poco atractivo para nosotros. Quizás Barranco parece más interesante pero no tuvimos la oportunidad de conocerlo a fondo.
Desde luego Miraflores nos decepcionó. Parece tan artificial, tan seguro, tan fortificado y protegido. Tan para blancos… y lo es. En los barrios de San Isidro y Miraflores es en los lugares de todo Perú donde más gente blanca junta hemos visto.
 
Visitamos también los Museos Larco y el Arqueológico y Antropológico. Aquí sí me quito el sombrero, ambos museos tienen una gran calidad, y son imperdibles en una visita a Lima por muy corta que sea.
 
Nuestra estancia en la ciudad mejoró sustancialmente después de conocer al grupo de graffiteros chilenos que compartían hostal con nosotros.
Era un grupo majísimo, y nos recordaron lo bien que nos lo pasamos en Chile y lo que nos reímos con el “sí pó weón cachai” que no se quitan de la boca.
Participaban en un festival urbano en un barrio nada turístico, así que nos fuimos a ver su mural en el polideportivo de San Marcos, con los raperillos, skaters y demás fauna callejera de Lima.
 
El único y gran pecado que cometimos, y esto sí que fue culpa nuestra y sólo nuestra, fue no disfrutar más de la gastronomía limeña.
Como veníamos del paraíso económico del altiplano, en Lima todo nos parecía excesivamente caro y excesivamente bueno y limpio. Y además, las distancias eran tan grandes y tan coñazo de recorrer que nos dio pereza salir a probar restaurantes.
Lo sé, una cagada, ahora nos arrepentimos, pero en aquel momento no supimos valorar lo que nos perdíamos.
 
En fin, esta fue nuestra corta visita a la gran capital.
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