Huaraz, Parque Nacional Huascarán (II)

Escrito por Skapamerika. Publicado en Perú

21 diciembre 2012
 
Después del trekking queríamos descansar un poco así que cuando llegó Alain aprovechamos para ir a visitar las ruinas de Chavín de Huántar, que se encuentran a unas tres horas de viaje desde Huaraz.
 
La cultura Chavín es una de las más antiguas de América y una de las principales de Perú, su etapa de mayor desarrollo está comprendida entre el 800 a.c. y el 400 a.c. y parece que fue en esa época cuando fue finalizada la construcción del conjunto ceremonial de Chavín.
A pesar de haber sufrido algún saqueo y algún terremoto, las ruinas se conservan en bastante buen estado, y de hecho fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad.
Además de su arquitectura y de sus conocimientos sobre ingeniería, nos fascinó la imaginería Chavín. Los relieves de sus dioses báculos ¡tan feroces! El increíble Lanzón, una deidad aterradora, escondida en las profundidades del templo. El obelisco Tello, sorprendente por su simbolismo. Y los tenons, terribles cabezas esculpidas en piedra, que decoraban las paredes del templo, como atemorizantes vigilantes desde la altura.
El conjunto ceremonial era sólo habitado por sacerdotes y por sus sirvientes, agricultores y artesanos.
 
Las ceremonias debieron ser espectaculares en efectos especiales, ya que utilizaban el sonido del agua y la disposición de las piedras para hacer rugir a sus dioses, el jaguar, el cóndor y la serpiente. Algunos minerales pulidos reflejaban la luz del sol, y el resto lo ponían las mentes alucinadas de los presentes, después de haber consumido el cactus san pedro, muy frecuente en la zona y también en los relieves chavín.
 
Los siguientes días con Alain hicimos alguna excursión corta, visitamos el mercado de Carhuaz, uno de los mercados más auténticos de todo el viaje, y también hacemos caminatas de un día. Visitamos las lagunas de Churup y 69.
 
En la excursión a la segunda de las lagunas se nos ocurrió la brillante idea de regresar por un camino alternativo.
Como aún teníamos el mapa del trekking de Santa Cruz, Cesar vio que había un camino de vuelta diferente al de ida. Un camino que no hacía ningún turista, que permitía ver otros valles circundantes, y que SEGÚN EL MAPA parecía relativamente sencillo. Y nos lió.
¿Por qué? Porque nunca hay que fiarse de un mapa peruano. Si ya me lo decía el instinto, pero en vez de hacerle caso a mi instinto se lo hice a Cesar...
El caso es que no sé cómo terminamos liando también a una pareja de alemanes que habían venido en la misma combi que nosotros.
 
Así que después de comer y descansar un poco en la laguna, los alemanes primero y nosotros después, comenzamos el ascenso ante las extrañadas miradas de los turistas que iban llegando a la laguna.
 
El ascenso, que en el mapa era de unos 200 metros, es decir, hasta los 4800, nos llevó a subir hasta los 5000 metros por lo menos.
Las vistas eran preciosas, cierto, pero la subida nos había dejado exhaustos y además nos empezábamos a dar cuenta de que el camino iba a ser un pelín más largo de lo que teníamos previsto.
 
A todo esto, como habíamos decidido lo de la vuelta cuando ya estábamos en la laguna, no habíamos avisado al conductor de la furgo, que esperaba nuestro regreso para alrededor de las 3 de la tarde.
La parte buena es que como habíamos liado también a los alemanes, el 80% de los pasajeros llegaríamos juntos y la bronca se repartiría entre más.
¡Los alemanes! Los habíamos perdido de vista y no llevaban mapa…
 
Después de subir tanto había que bajar, saltando sobre grandes y cortantes rocas lascadas de granito. Hasta llegar a un saliente desde donde divisamos todo el sendero… ¡que daba una vuelta enorme!
SEGÚN EL MAPA había un refugio a 1h y media de la primera laguna. Bueno pues ya llevábamos cerca de dos horas caminando y veíamos el refugio a lo lejos en lo alto de otra montaña en el quinto pimiento. El sendero subía y volvía a bajar. No llegábamos a las 3 de la tarde ni de coña, y encima no veíamos a los alemanes por ningún lado.
Decidimos no seguir el sendero y caminar campo a través. Bajando cerros llenos de plantas con pinchos, escalando rocas, cruzando ríos. Nerviosos porque no llegábamos y porque habíamos perdido a dos alemanes. Y con las rodillas echas papilla.
Tardamos mucho pero al final conseguimos llegar al sendero principal, y justo en ese momento aparecieron los alemanes en lo alto del sendero haciéndonos aspavientos.
¡Por dios menos maaal!
Nos dijeron que ellos sí habían seguido el sendero y que era un horror. Que era peligroso y que habían pasado miedo, y que como ellos tampoco nos veían no sabían si iban por el camino correcto. Para colmo el chaval venía descompuesto por la altura, muy pálido y debilucho.
Menudo panorama. Y todavía no habíamos llegado.
 
Cuando llegamos, sobre las 5 de la tarde, el conductor estaba que se subía por las paredes, y con razón. Llevaba dos horas dando bocinazos como un loco. Nos cayó bronca, claro, y con razón. Y mientras, el alemán vomitando. Y los otros pasajeros alucinando en colores.
En fin, que la liamos parda.
 
Cuando llegamos a Huaraz nos fuimos a celebrar que habíamos llegado sanos y salvos, y a comentar los mejores momentos.
Fue también una cena de despedida. Alain se iba hacia el norte, a Trujillo y nosotros al sur, a Puerto Bermúdez.
La verdad es que fue una despedida rara. Como si dijéramos adiós a una parte del viaje, como si nos despidiéramos de la familia.
Dejamos a Alain en el autobús y a la mañana siguiente nosotros salíamos en dirección al pueblito de La Unión, a las 6 de la mañana, rumbo a la selva.
 
 
Vistas desde la ruta "alternativa"
 
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Mercado de Carhuaz:
 
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