Iquitos

Escrito por Skapamerika. Publicado en Perú

6 de enero 2013
 
Aún tuvimos que esperar día y medio antes de salir de  Bretaña porque el día 1 de enero es festivo y no sale ningún bote.
Ese día y medio lo pasamos con Elías, que nos venía a buscar a las 7 de la mañana y nos llevaba a hacer excursiones, nos presentó a su profesor, nos traía frutas de regalo. Lo que os decía, un amor.
Nos acompañó y esperó a que saliera el bote en dirección a Requena. Nos dio mucha pena cuando nos despedimos de él.
 
El viaje en bote, esta vez uno más grande que el de Augusto, duró unas 5 horas. Teníamos que hacer escala en Requena una noche.
Requena es otro pueblo en medio del río, pero es mucho más grande que Bretaña.
Al día siguiente tomamos un bote rápido hasta Nauta y de allí un minibús hasta Iquitos. En 5 horas cubrimos la distancia que en barco hubiéramos tardado 15 horas en hacer.
 
Iquitos es la ciudad más grande del mundo sin acceso por carretera.
También es aquí donde nace el río Amazonas, que además puede verse desde el malecón, pero desde aquí es difícil hacerse una idea de su magnitud.
 
Hay mucha gente que desde Iquitos viaja en barco hasta la frontera Perú-Colombia-Brasil. Desde allí se puede continuar en barco por Brasil o se puede coger un avión en Leticia, Colombia.
Nosotros preferimos ver lo que nos queda del norte de Perú y conocer Ecuador también.
Pero resulta que tenemos un problemilla con el permiso de estancia en Perú. El plazo de 90 días que nos concedieron en la frontera está a punto de expirar y creemos que no nos dará tiempo a recorrer todo lo que nos falta de Perú antes de que caduque.
Por eso vamos a la oficina de migraciones de Iquitos, donde nos dicen que es imposible ampliar el permiso, que la única posibilidad que hay es que dejemos pasar los días y que paguemos la multa de 1 dólar al día cuando salgamos del país.
También nos dijo que cuando entramos en Perú pudimos haber solicitado un permiso de hasta ¡180 días! Pero nadie nos había informado de esto hasta ahora…
Así que la única posibilidad que tenemos es esta, apurar al máximo el tiempo que nos queda.
 
En Iquitos nos quedamos unos tres días, que coinciden con la fiesta del aniversario de su fundación, en la década de 1750, como misión jesuítica.
Durante la fiebre del caucho, a finales del siglo XIX, Iquitos creció  y su población se multiplicó, convirtiéndose en un puerto principal y en una ciudad rica.
Aún hoy se conservan varias casas de entonces, preciosas casonas cubiertas de azulejos que recuerdan a las casas coloniales portuguesas.
En una esquina de la plaza de armas está la Casa de Hierro, construida por Eiffel, que se construyó en París y se transportó pieza a pieza.
 
Desde Iquitos se puede visitar también la Granja de mariposas Pilpintuwasi, fundada por una austriaca hace ya casi 30 años. Ahora, además de ser un criadero de mariposas amazónicas también es un refugio de animales pillados en la aduana, o capturados en la selva. El más espectacular de todos es un jaguar, se llama Pedro, y lleva unos 7 años en el refugio.
Aunque lleve tanto tiempo aún conserva la mala leche, y en cuanto el cuidador se aleja de la jaula el tío se nos enfrenta como si estuviéramos en medio de la selva. Y acojona.
 
Pero nuestro lugar favorito de Iquitos, con diferencia, es el barrio de Belén. Su gran mercado de los domingos y su zona inundada, la Venecia peruana.
Parte del barrio de Belén se encuentra en el cauce de un río que aparece y desaparece según la estación. Como estamos en la estación lluviosa lo encontramos inundado, y la única manera de recorrerlo es en bote.
Las calles son de agua y las casas están construidas sobre soportes de madera o simplemente flotan. Hay una iglesia, hay bares, tiendas, gasolineras, escuelas, y todo flota. La gente se mueve en bote en vez de en mototaxi.
Los niños juegan en los porches, las mujeres lavan y tienden la ropa… como en cualquier ciudad, pero rodeados de agua.
Nos cuentan que en la época seca la gente del barrio se dedica a la agricultura, pero con la crecida sus terrenos quedan también inundados, así que con las lluvias cambian de profesión y se convierten en pescadores.
 
Después de la travesía de tres días en el barco – campo de concentración nos da muchísima pereza volver a viajar varios días en barco, y como además tenemos poco tiempo para seguir visitando Perú, decidimos irnos en avión. El viaje nos sale más caro, pero recuperamos tres o cuatro días.
Así que después de casi un año sin viajar en avión nos volvemos a montar en uno, y en una hora escasa ya estamos en Tarapoto, dispuestos a descubrir el norte peruano.
 
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Río Amazonas
 
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El Barrio de Belén:
 
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