Chachapoyas

Escrito por Skapamerika. Publicado en Perú

10 de enero de 2013
 
Vaya nombrecito estaréis pensando… pues sí, desde Tarapoto viajamos hasta la bonita población de Chachapoyas, situada entre la sierra y la selva. A esta zona montañosa y húmeda se la llama “ceja de selva” o “bosque nuboso”, lo que en Bolivia se conoce como “Yunga”.
Se trata de una zona medianamente turística debido a la posibilidad de visitar varios yacimientos pertenecientes a la cultura Chachapoyas, pero desde luego no tan turística como el sur del país.
Las poblaciones del norte del país son más tranquilas que las del sur. La gente nos parece más amable y la comida más sabrosa. Y el clima es perfecto. ¡Nos encanta el norte de Perú!
 
En Chachapoyas queríamos hacer el trekking del Gran Vilaya que llevamos deseando desde Huaraz, cuando Lucho, el chaval de la agencia donde alquilamos el material, nos enseñó unas fotos increíbles.
Por eso, lo primero que hacemos al llegar es intentar informarnos de cómo ir.
Preguntamos en la oficina de información turística, en alguna agencia y también en varias panaderías donde venden los billetes en pick-up… pero nada, esta vez no tenemos suerte. Nos dicen que ya estamos en la temporada lluviosa, que los caminos están impracticables, tanto para hacer el trekking como para llegar en coche, y que no hay ningún transporte disponible.
Otra cosa que añadir a la lista de los “nos quedamos con las ganas”.
 
Lo que sí pudimos hacer, y sin apenas lluvia, es conocer las ruinas de Kuélap, una gran ciudad amurallada construida alrededor del 900 a.C. por los Chachapoyas o “gente de las nubes”.
Se encuentra en lo alto de una colina de roca calcárea, rodeado de montañas verdes y de niebla.
Los Chachapoyas fueron una sociedad guerrera que se resistió fuertemente a la conquista de los incas. Tanto, que cuando llegaron los españoles prefirieron unirse a ellos antes que luchar del lado de los incas.
Sus construcciones son diferentes a todas las que hemos visto hasta ahora. La muralla es circular y es totalmente defensiva. Los únicos accesos posibles a la ciudad son a través de estrechos pasadizos que obligan a entrar de uno en uno, por lo que resultaba bastante fácil impedir la entrada del enemigo a la ciudadela.
Las casas y templos también tienen planta circular. Algunos de ellos están decorados con figuras geométricas.
Todas las casas compartían una disposición parecida, todas tenían un criadero de cuys (conejillos de indias, un habitual plato peruano) y un hueco en el centro donde enterraban a sus muertos momificados. Sí, los Chachapoyas convivían con sus muertos.
Los Chachapoyas nobles, sin embargo, eran momificados, envueltos en varias telas, introducidos en posición fetal en una especie de cesta y colocados dentro de unos llamativos sarcófagos de cerámica en las paredes de los acantilados.
Algunos de estos sarcófagos continúan en su lugar, claro ¡son inaccesibles!
 
Después de Chachapoyas viajamos a Leimebamba, un pueblecito aislado situado en el nacimiento del río Utubamba. A pocos kilómetros de allí se encuentra un interesante museo donde se conservan la mayoría de los restos arqueológicos de los Chachapoyas.
 
Desde aquí decidimos viajar hasta Cajamarca por una carretera preciosa y peligrosa a partes iguales. Durante la primera parte del camino no vemos nada porque no para de llover y todo está cubierto de niebla muy espesa. Pero cuando despeja el paisaje en increíble.
A medio camino nos toca bajar de autobús un par de veces por culpa de los derrumbes, pero nada peligroso, de verdad. Llegamos a Cajamarca sanos y salvos.
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