Cajamarca

Escrito por Skapamerika. Publicado en Perú

15 de enero de 2013

Las ciudades del norte de Perú nos gustan mucho. Aunque siguen siendo bastante ruidosas, son más limpias, hay menos turistas y de verdad que la gente nos parece más amable. Sonríen más, bromean con nosotros, no les da tanta vergüenza hablar con un gringo.

Cajamarca aún se encuentra hacia el interior, entre colinas, y el paisaje que la rodea, verde y redondeado, es muy bonito.

El centro de la ciudad es puramente colonial, con casas de una o dos plantas, tejados de tejas rojas, paredes de colores crema y enormes portones de madera ¡Me recordó tanto a La Laguna! Al igual que en la ciudad de mi infancia, algunas calles son adoquinadas y la luz de las farolas es tenue y cálida. Fue como pasear por mi querido Tenerife, y hasta me puse un poco pesada, lo reconozco.

Lo más llamativo de la ciudad es la enorme plaza de armas, de las más grandes que hayamos visto nunca, y llena de gente paseando día y noche.

También las lujosas iglesias ¡que hay muchas! Y todas ellas sin campanario, ya que cuando fueron construidas la Corona española exigía un impuesto a todas las iglesias terminadas, y dejarlas sin campanario permitía no pagar ese impuesto.

Aunque por lo que es más conocida Cajamarca es porque fue allí donde Pizarro capturó a Atahualpa, el último rey inca, en la misma plaza de armas.

Después de apresarle se produjo el famoso episodio en el que Atahualpa (que ya conocía bien lo que los españoles andaban buscando) trató de negociar su libertad a cambio de llenar de oro una habitación, y dos de plata, hasta donde alcanzara su brazo estirado.

Casi un año tardaron en llenarse las habitaciones, y para entonces Atahualpa sospechaba que su vida estaba comprometida por mucho oro que trajeran, así que empezó a enviar mensajes ocultos a Quito pidiendo ser rescatado (sí, a Quito, Atahualpa había nacido en lo que hoy es Cuenca, en Ecuador, entonces llamado Tomebamba, y por herencia debía reinar sobre las tierras del norte del Imperio Incaico, pero luego mató a su hermano para quedarse con todo y luego llegaron los españoles y bueno, se lió todo).

Cuando Pizarro descubrió los mensajes decidió darle muerte. Los muy retorcidos le ofrecieron dos opciones; morir quemado en una hoguera o ser bautizado y morir de una manera más “suave”. El cagueta de Atahualpa que al fin y al cabo era un principito, decidió renunciar a su religión justo antes de morir por lo que finalmente fue estrangulado.

Y aquí empezó el principio del fin para los incas, que sin un líder se sintieron perdidos, sin capacidad de reacción ni de lucha. Y para los españoles, pues ancha es castilla, y ya conocemos cómo terminó la historia.

Curiosamente la supuesta habitación del tesoro es el único edificio inca que se mantiene en pie en Cajamarca. Actualmente se encuentra en el interior de otro edificio y hay que pagar para entrar a verlo.

Sin embargo, parece ser que la habitación del tesoro no es tal, sino que es (supuestamente) en la que los españoles tuvieron encerrado a Atahualpa.

Aunque la verdad, vete tú a saber, puede haber sido cualquier habitación, pero de un templo importante o de un edificio real, porque la construcción es la que los incas utilizaban en los recintos de importancia, la misma que se encuentra en Cusco por todas partes.

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