Trujillo

Escrito por Skapamerika. Publicado en Perú

17 de enero de 2013
 
Desde Cajamarca nos dirigimos a la costa y hacia el sur, a Trujillo.
La ciudad de Trujillo es la más majestuosa de Perú, con diferencia. Su plaza de armas es enorme también, las calles están cuidadas y limpias, las casas parecen recién pintadas de amarillo, azul cielo, rosa y verde pistacho, los típicos colores coloniales.
Las ventanas tienen un enrejado muy historiado que recuerda a antiguas jaulas de pajarillos.
Parece una ciudad rica, y recordemos que Pizarro la fundó y nombró en homenaje a su ciudad natal.
En Trujillo tenemos la obligación de destacar varios MEMORABLES del viaje:
  1. 1.Las cremoladas. Las mejores de Perú y del viaje. Las cremoladas son como granizados de frutas tropicales. Como zumos de frutas tropicales congelados y luego machacados. Los sirven en un vaso con pajita y están deliciosos.
  2. 2.¡¡El ceviche!!  En el restaurante Mar Picante probamos dos días seguidos el mejor ceviche de todo Perú. Le pese a quien le pese, para nosotros este ceviche es perfecto. Perfecto de picante, de ácido y de textura. Incluso la Leche de tigre (un vaso un poco más grande que los de chupito lleno sólo del caldo frío que suelta el pescado, picante y muyyy ácido) decía que incluso la Leche de tigre de este restaurante es la mejor.
  3. 3.La Huaca de La Luna y la Huaca Arco Iris, y Chan Chan, para contaros esto me explayo un poquito más:
La Huaca de La Luna es uno de los restos arqueológicos más fascinantes de Perú. Pertenece a la cultura Mochica, una sociedad guerrera, agricultora y ganadera, que habitó la costa del país entre el 100 a.C. y el 800 d.C.
Destaca especialmente por sus trabajos de cerámica, donde quedan representadas todas las actividades de su vida, desde los ritos más sagrados (sacrificios humanos) hasta las actividades más cotidianas. Además eran estupendos escultores y retrataron en sus vasijas a múltiples personajes que existieron en la realidad, incluso retrataron al mismo personaje en diferentes etapas de su vida.
 
La Huaca (o Templo) es de lo más increíble que hayamos visto. Los Mochicas entendían el tiempo en eras, como los mayas (el famoso fin del mundo era simplemente el fin de otra era…)
Cada vez que terminaba una era, los mochicas enterraban bajo ladrillos de adobe su templo y construían otro sobre el anterior. De esta manera se ha conseguido conservar casi intacta la decoración de los tres templos más antiguos.
La decoración representa principalmente a su dios y a otros elementos sagrados, está esculpida en relieve y ¡aún está policromada!
En una de las fachadas del templo hay un trozo de muro llamado “el muro de los mitos” donde están representados innumerables mitos o símbolos de la cultura mochica, algunos descifrados y otros no.
 
Nos gustó tanto, investigamos tanto y disfrutamos tanto de la visita que podría contaros muchas más cosas sobre los mochicas, pero no me quiero alargar demasiado. Sólo dejadme contaros cómo terminó esta fascinante cultura.
Los mochicas adoraban a dioses naturales y sus peticiones tenían relación siempre con la agricultura, ya sabéis; queremos que llueva más, ahora que llueva menos, queremos que la tierra sea fértil, que la pesca sea abundante… esas cosas.
 
Esta zona de Perú sufre cada cierto tiempo las consecuencias del fenómeno meteorológico de El Niño  ¿os suena? Largos períodos de sequía, luego largos períodos de inundaciones… llegó un momento en que fue imposible sobrevivir en esa zona, la gente moría de hambre, o de sed, y por mucho que hicieran sacrificios a sus dioses, por mucho que pidieran, que rogaran, que lloraran, el clima no les era favorable, no lo fue durante mucho tiempo.
¿Y qué pasó? Que los mochicas se hartaron, se dieron cuenta de que su dios no valía nada, de que a lo mejor ni siquiera había un dios. Entonces abandonaron ese lugar, y esta vez ni siquiera se molestaron en enterrar en templo, se marcharon sin más.
La Huaca fue cubriéndose por la arena del desierto durante siglos.
 
La Huaca Arco Iris es otro templo mochica, pero mucho menor y sin relieves policromados, aunque es interesante porque está completamente decorado con dibujos de arcoíris, símbolo de la fertilidad, asociado a las lluvias.
 
Por último os hablaré de Chan Chan, que también se encuentra a pocos kilómetros de Trujillo.
Chan Chan es la ciudad precolombina más grande de América y también la ciudad de adobe más grande del mundo.
Fue la capital de la sociedad chimú, una cultura posterior a la mochica, no se sabe si descendientes lejanos de ellos, ya que fueron muy posteriores. La ciudad se construyó en el año 1300 d.C.
El yacimiento es extensísimo y actualmente sólo se puede visitar una parte, en su mayor parte reconstruida. El resto puede visitarse por libre y sin pagar entrada pero no se verá nada en especial, sólo montículos de arena y trozos amorfos de adobe.
 
La parte de la ciudad que se puede visitar, a pesar de estar reconstruida es interesante, sobre todo por el tamaño de las plazas, de los departamentos, de los templos, y también por la decoración en relieve de las paredes de adobe, de gran riqueza.
 
Sin embargo, ya se me habrá notado, yo me quedo con la Huaca de La Luna, por su originalidad, y porque como atea, y como antropóloga aficionada fascinada con el papel de la religión en la historia de la humanidad, la cultura mochica me atrapó, de principio a fin, sin remedio.
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